Your name, de Makoto Shinkai (Japón 2016)

Buscando su lugar…

MV5BNjZkZjMyZmUtNjIxZi00MGM2LWE5M2EtZDA1NzM5MDM1YjkyXkEyXkFqcGdeQXVyNjg5NzAwNjI@._V1_SX1777_CR0,0,1777,999_AL_

¿Nos conocemos?

Las puertas que se abren y se cierran de golpe, el rápido e impetuoso desplazamiento por los rieles de las mismas, presentan a dos adolescentes que un día se despiertan dentro de un cuerpo equivocado.

Mitsuha vive en el campo, con su hermana pequeña y su abuela, en un sitio tan aburrido en el que no hay ni cafeterías; sueña con ser un chico guapo que vive en Tokio y salir de ahí. Al despertarse un día, se siente rara, y al ir al colegio, todos sus amigos y compañeros le hablan de lo extraño de su comportamiento y de lo diferente que fue el día anterior. Ella no recuerda nada.

Taki es un estudiante que lleva una vida bastante aburrida y monótona en Tokio, quiere ser arquitecto. Tiene un trabajo de camarero en un restaurante italiano y está enamorado de su jefa, pero no se atreve a decírselo.

Shinkai acerca en este film posiciones entre hombre y mujer, gracias en parte a las hilarantes situaciones provocadas por el intercambio de cuerpos;  la ciudad y el campo; la modernidad y la tradición, y finalmente entre el pasado y el presente. La atareada vida de la gran ciudad aparece reflejada en los enormes rascacielos de Tokio frente al interminable horizonte del campo. La cantidad de trenes que se cruzan y los detalles de los mismos son otra de las características del cine de este director, puesto que se repite en todas sus películas: trenes, metros, vías de trenes, pasos a nivel en los que se detienen  sus protagonistas, quizá buscando su rumbo, o a la espera de la toma de una decisión. El abarrotamiento de gente en la ciudad, la velocidad de sus movimientos, frente a la pasividad y las bicicletas que surcan las calles en el campo. La luminosidad se encuentra en cada fotograma,  no solo en los espacios abiertos, sino también en la gran ciudad. En Your name algunas imágenes aparecen aceleradas con el efecto time-lapse para mostrar la rapidez del paso del tiempo. Los colores de las hojas de los árboles en el bosque que atraviesa la familia de  Mitsuha llegando al templo, o la aparición y caída del cometa muestran el delicado trabajo visual de este gran maestro de la animación.

Encontrarse en la inmensidad del tiempo parece ser algo que también tienen en común los personajes de las películas de Shinkai, colocados en planos separados, ya sea por una distancia de edad: El jardín de las palabras (2013), por una distancia geográfica: Cinco centímetros por segundo (2007), o como en este caso, una distancia temporal de 3 años.

En la primera de las tres historias en las que se divide Cinco centímetros por segundo,  el espectador puede sentir cómo cae la nieve, o escuchar claramente los sonidos de las pisadas en la misma; el movimiento del viento y los reflejos de la luz en las ventanas, o en la estufa de leña de la estación de tren; el sudor, el vaho y las lágrimas muestran el gran detalle de la animación de la película. La lluvia es la otra protagonista de El jardín de las palabras, con un trazo tan preciso que cuando sale el primer arco iris después de las lluvias es inevitable lanzar una exclamación. El amor y el respeto a la naturaleza es otra característica muy poética vista en todas sus películas.

Mamoru Hosoda habló de saltos temporales en el anime La chica que saltaba a través del tiempo en 2006, donde su protagonista, Makoto, vive una adolescencia feliz con dos amigos hasta que descubre este poder que le cambiará su visión de la vida y por ende, su futuro. La nostalgia y la imposibilidad de vivir hacia adelante aparecen también en La casa del lago de 2006, donde Keanu Reaves y Sandra Bullock protagonizan una historia de amor a través del tiempo, narrada en las cartas que se intercambian.

El amor entre Mitsuha y Taki parece inalcanzable, estas dos personas que se buscan desesperadamente en el tiempo como ese amor puro y perfecto  que jamás se puede igualar.

“Tengo la sensación de que siempre estoy buscando a algo o alguien, ¿quién eres? ¿Dime tu nombre? ¿Tu nombre?”

Makoto Shinkai ha batido varios récords con ésta su última película, entre ellos, superar a El viaje de Chihiro como la cinta de animación con mayor recaudación fuera de Japón, lo que le convierte, según muchos críticos, en el heredero del maestro Hayao Miyazaki.

Pilar Oncina

El balcón de las mujeres, de Emil Ben-Shimon (Israel, 2016)

Cuando el nieto de Zion (Igal Naor) le pide a Dios, como un pequeño favor, que impida que recite la Torá en su Bar Mitzvá[1] , pensaba en un desmayo, y no pretendía que su aprieto, la vergüenza de no haberse aprendido la oración, se convirtiera en el aparatoso accidente, que hizo que se cayera el balcón de la sinagoga, dejando al Rabino Menashe (Abraham Celektar) trastornado y a la esposa de éste en un coma profundo.

Este balcón es donde se sitúan las mujeres en algunas sinagogas judías, es decir, separadas de los hombres en otra sección diferente del templo. El principio fundamental de la plegaria es establecer una relación entre uno y Dios. La dimensión social y la distracción que a veces acompaña a los grupos mezclados son, por lo tanto, eliminadas a través de esta separación o Mejitzá, que puede darse en forma de una sala separada de la habitación principal por una gruesa pared agujereada con estrechas aberturas, o con una especie de cercado de madera o cortinas, o bien, como es en este caso, las mujeres disponen de una galería, poco disimulada a los hombres, desde donde pueden asistir al oficio (esta separación ha desaparecido prácticamente en las sinagogas liberales o reformadas donde hombres y mujeres rezan uno al lado del otro).

EL-BALCÓN-DE-LAS-MUJERES, balcón

“El balcón de las mujeres” empieza con sus protagonistas recorriendo las calles empedradas y estrechas de Jerusalén casi bailando, sonrientes y muy felices, van cargadas de comida y charlando animadamente de la celebración del Bar Mitzva; sin embargo, con el accidente, parece que la melancolía se adueña de la comunidad.

Las mujeres se turnan para ir al hospital a cuidar de la rabina y los hombres buscan afanosos una nueva sinagoga para rezar. En la observancia de las leyes judías ortodoxas se requiere un quorum mínimo de diez adultos para el cumplimiento de ciertos preceptos o de la lectura de oraciones, y los hombres de este grupo, no cumplen ese conteo o Minian hasta que encuentran por azar al Rabino David (Avraham Aviv Alush), que se une gustoso al grupo. A partir de ahí, se gana con su simpatía, energía y buen hacer a los hombres de la comunidad, no así a las mujeres. En su primer sermón pide recato a las féminas y sugiere modestia en sus hábitos de vestir, así como en su vida cotidiana, llegando incluso a insinuar, que han sido los pecados de éstas los que causaron el accidente en la sinagoga.

Los mensajes de fe ciega del rabino empiezan a calar en los hombres y por ende, en algunas de sus mujeres que empiezan a cubrirse las cabezas – no para disimular su belleza como algunos creen, sino para encauzar su belleza y atractivo y reservarla donde pertenece: dentro del matrimonio-, a vestir más recatadamente y, pasan de ser una comunidad de creyentes moderados a otra que empieza a crecer en el extremismo religioso. No todas las congregantes aceptan al nuevo rabino, y a su regresión a la religión tradicional. Cuando éste termina las obras de reconstrucción sin contar con el balcón, las mujeres, guiadas por la matriarca del grupo, Etti (Evelin Hagoel) le declaran la guerra a sus maridos al estilo  Lisístrata de Aristófanes, dejándoles hasta que recuperen su balcón y el lugar que les corresponde en su comunidad.

EL-BALCÓN-DE-LAS-MUJERES-de huelga

Ellos, que son unos calzonazos, se sentirán perdidos sin ellas. Las situaciones cómicas se repiten durante toda la película, al mismo tiempo que el espectador observa los cambios a esta nueva realidad conservadora y misógina.

Emil Ben Shimon define ésta su primera película, como un largo sobre mujeres valientes y fuertes que luchan por su lugar en Jerusalén, en su comunidad y en sus hogares. El guion es de su exmujer, Shlomit Nehema basándose en su propia experiencia al ver los cambios sufridos en su antiguo barrio, donde el extremismo religioso campaba a sus anchas, buscaba contar la historia de gente moderada, que se ve obligada a lidiar con esa nueva situación.

Si bien los temas que trata “El balcón de las mujeres” son importantes y complicados, la visión que se ofrece es buenista y con sentido del humor, pese a que en pleno siglo XXI muchos de los prejuicios mencionados en la cinta siguen tan vigentes como lo estaban siglos atrás. Esta película está llena de alegría, de risas y de tradiciones y ofrece el consuelo de que la religión puede ser diferente, y todavía puede engendrar una comunidad racional con compasión y amor.

Pilar Oncina

[1] Bar Mitzvá: es el ritual por la que un niño de 13 años adquiere la obligatoriedad de cumplir las mitzvot por ley bíblica, y se torna responsable frente a los castigos.

La comunidad de los corazones rotos, de Samuel Benchetrit (Francia, 2015)

Y esta noche, cenamos cous-cous

“Todos los aquí presentes, nos hemos quedado alguna vez atrapados en el ascensor, hasta un máximo de 7 horas en un caso, o incluso, hemos sufrido heridas por su uso – presionando sus botones, uno de los vecinos recibió severas quemaduras en todo el brazo-, así que, vamos a votar para proceder a aprobar una derrama que nos proporcione de una vez por todas, un nuevo ascensor”. Quien así habla es el Presidente de una comunidad de vecinos cualquiera en un edificio de viviendas sociales, decadente, y cubierto de grafiti en un banlieue francés. Solo uno de los allí reunidos se opone a dicho gasto, ya que al vivir en el primer piso, no quiere hacerse cargo de una herramienta que no piensa utilizar. Ni siquiera “por solidaridad” como le proponen sus vecinos, el Sr. Sternkowitz (Gustave Kervern) acepta la derrama, pero se compromete, a no hacer uso del mismo, nunca. En ese momento, mirando la cara del vecino rebelde, el espectador es perfectamente consciente de que eso, no va a poder cumplirse.

images

De hecho, será solo unos días después cuando Sternkowitz sufre una parálisis en las piernas, por “una sobredosis de bicicleta estática”, que le sentará en una silla de ruedas hasta su recuperación, y que le obligará a permanecer encerrado en su piso hasta altas horas de la madrugada, que es cuando podrá hacer uso del ascensor sin ser visto por sus vecinos. En su deambular buscando comida en las máquinas de vending de los pasillos de un hospital cercano, conoce a una enfermera solitaria, Valeria Bruni-Tedeschi, a la que visitará cada noche en su pausa para fumar haciéndose pasar accidentalmente por un fotógrafo, trayéndole imágenes que la permitirán soñar y salir de su aburrida rutina. El humor, especialmente físico, que desprenden las situaciones absurdas por las que pasa el Sr. Sternkowitz, se mezcla muy bien con la tristeza y soledad de esta enfermera que parece no haber vivido nunca nada excitante en su vida.

“Asphalte” es el título original del quinto largo del escritor y director francés Samuel Benchetrit, que llega a nuestro país con 2 años de retraso, basada en los relatos del primer volumen, de cinco, que tituló “Crónicas del Asfalto” en los que narra parte de sus primeros 30 años de vida, en este caso, en un edificio en el que creció en el extrarradio parisino.

La segunda historia la protagoniza la Sra. Hamida (Tassadit Mandi), una señora mayor argelina que se pasa el día ordenando su casa, viendo culebrones en la soledad de su salón y echando de menos a su hijo, al que visita en una especie de hospital psiquiátrico. De pronto, un día, llama a su puerta, buscando ayuda, un astronauta americano, Michael Pitt, que ha caído por error, con su módulo espacial en la azotea de su edificio bajo el asombro de un par de vecinos fumados que allí se encuentran. A la Sra. Hamida todo le parece normal, e intenta que la estancia obligada de Pitt en su hogar, mientras la NASA lo organiza para recogerle discretamente, se convierta en una estupenda distracción. Cuidará de él, le alimentará  con su famoso cous-cous, y le vestirá con la ropa de su hijo sin apenas entenderse, puesto que ninguno de los dos habla el idioma del otro.

images (1)

La tercera y última historia no está en el libro de relatos de Benchetrit y la protagoniza el propio hijo del director, Jules Benchetrit, como Charly, un adolescente que bien podría representar al cineasta en su adolescencia. Charly parece estar siempre solo, sus padres se comunican con él a través de notas y a éste, no parece importarle. Conoce a su nueva vecina, Jeanne Meyer (Isabelle Huppert) peleándose, cómo no, con las puertas del ascensor que se han quedado en bucle abriéndose y cerrándose en su portal con el consiguiente ruido molesto. Charly la ayuda y en breve empieza a conocer a esta otrora conocida actriz que quiere volver a saborear las mieles del éxito, pero no sabe muy bien cómo.

El formato del film, casi cuadrado, de 1.33, hará que el espectador vea estas historias enmarcadas, como en una viñeta de cómic. La luz es bastante fría, la mayoría de las escenas son interiores o nocturnas, y las que se desarrollan de día, muestran un cielo gris sucio que acompaña perfectamente la soledad de estos personajes anónimos en busca de un trocito de felicidad, ya sea en forma de cámara, de plato de cous-cous, o de una película en blanco y negro.

Pilar Oncina

 

Jackie, de Pablo Larraín (Chile, Francia y EE.UU., 2016)

El nacimiento de la leyenda de Camelot

El musical Camelot se estrenó en Broadway el 5 de diciembre de 1960, basado en la leyenda del Rey Arturo y protagonizado por Julie Andrews y Richard Burton. Se mantuvo en cartel durante 873 funciones. El álbum de este musical fue un gran éxito de ventas, y según contó la Sra. Kennedy al mundo, éste era uno de los favoritos del Presidente y lo escuchaban casi cada noche.

Jackie 2

Un periodista de la revista Life (Billy Crudup), cuya identidad permanecerá anónima durante la película, se presenta en la casa de Hyannis Port (Massachussets) donde la Viuda de América (Natalie Portman) reside una semana después del magnicidio. Ha sido ella quién le ha convocado expresamente para contar su versión de la historia al pueblo americano, ya que “ahora existe la televisión, todo se puede ver con imágenes, antes con solo la prensa escrita, no era lo mismo”. Así fue como Jackie justificó la invención de esta leyenda: “además, al pueblo le gustan los cuentos de hadas, y yo, les voy a dar uno”. Jackie decidió, como guardiana de su legado, que su marido sería recordado a través de ese musical de Broadway, que tanto les gustaba. Estableció un paralelismo entre su Administración y la historia del Rey Arturo y Camelot. Equiparó al rey Arturo y a su reina Ginebra con Jack y Jackie, como la idealización de un tiempo en el que todo fue mejor: “un momento mágico en la historia americana, donde los hombres elegantes bailaban con las mujeres hermosas, donde se realizaban grandes hazañas y donde los artistas se reunían en la Casa Blanca protegidos dentro de sus muros de la vulgaridad que habitaba fuera”.

Pablo Larraín dirige su séptimo largo retratando a una de las mujeres más famosas de América, durante la semana posterior al asesinato de un presidente al que ella convirtió en mito. “La idea-cuenta el director-, no es explicar quién fue, sino acercarse a una narración emocional que nos permita estar dentro de ella”. Y lo hace a través de varias relatos en paralelo: la entrevista que mantiene con el periodista arriba mencionado; la recreación de las imágenes de “A tour of the White House with Mrs. John F. Kennedy”, cuyo programa original fue emitido el 14 de febrero de 1962 en CBS y NBC; la planificación del funeral de Estado; y finalmente el asesinato, sus vivencias y recuerdos del mismo, todo salpicado con bonitas imágenes de su fugaz paso por la Casa Blanca.

El programa de televisión muestra la cara amable y retraída de una joven primera dama que se defiende en este reportaje, de las continúas acusaciones de derrochadora con las compras que realiza de muebles y otras reliquias, al intentar devolver la Casa Blanca al pueblo americano, tal y como fue concebida en sus principios, manteniendo el legado de todos los que allí habitaban. En palabras del Presidente en la conclusión de dicho programa a su presentador: “la Sra, Kennedy está creando este ambiente en la Casa Blanca, que nos brinda la oportunidad de entrar en un contacto más íntimo con todos los grandes hombres que vivieron aquí y que formaron parte de los anales de la historia, permitiéndonos tener una visión mucho más amplia de nuestra gran historia”.

Su parte más romántica y feliz aparece en sus recuerdos de fastuosos bailes y otros eventos celebrados en la Casa Blanca, organizados por ella misma, y compartidos con su marido y sus hijos. El músico español Pau Casals es nombrado hasta en dos ocasiones en relación con esos fastos. Se desliza por la pantalla con un paso lento, que podría llevar a engaño, puesto que es firme. Jackie es una mujer con las ideas claras: “nunca quise la fama, simplemente me convertí en una Kennedy”.

La parte más manipuladora y fría se muestra en su relación con el periodista, al que no piensa permitir que escriba lo que quiera, no hay que olvidar que este es el legado del amor de su vida. Esa mujer pequeña, de aparente vulnerabilidad física, le desafía con un tono autoritario imposible de contradecir, contrastando con el tono pausado y la voz suave con la que emite sus mensajes. Natalie Portman declama de forma magistral el acento de la Sra. Kennedy.

Las imágenes del asesinato, la toma de posesión del Vicepresidente, su paso al segundo plano, la planificación del funeral de Estado, la elección del lugar de su último reposo y su marcha en el cortejo fúnebre entre otras escenas, aparecen descritas en unos primerísimos planos incómodos para el espectador, con un rostro desolado, lleno de dolor, que muestra una templanza absoluta, y que permanece impertérrito para el malestar de algunos de los que la rodean. La música estridente de Mica Levi reafirma esta aparente frialdad desafiante de la Sra. Kennedy. Distorsionada incluso por momentos, la partitura tiene un estilo funerario y sobrio muy apropiado a la historia.

Si en “No”, su película del 2012 que narra la campaña de publicidad del “no” al plebiscito chileno de 1988 que buscaba derrocar la dictadura de Augusto Pinochet, Larraín utilizó imágenes reales de la época, introduciendo a los personajes que la protagonizan en las mismas, como se ha hecho en “Forrest Gump”, o incluso en “Cuéntame”; en “Jackie” recrea minuciosamente, hasta el último detalle las escenas que todos recordamos y hemos visto de aquellos momentos, algunas aparecen incluso fundidas encima de las originales. La escenografía y vestuario llenos de color contrastan con nuestros recuerdos en blanco y negro, convirtiendo especialmente las imágenes más dramáticas en nuevas escenas que parecen dar mayor realismo a la historia.

Todos los personajes secundarios ayudan a esta recreación, rellenando el poco espacio que deja una espléndida Portman. Billy Crudup, el periodista, achantado y manipulado desde el 1,60 de la Portman; el matrimonio de Lyndon B. Johnson, LBJ y  Lady Bird Johnson, John Carroll Lynch y Beth Grant, que aparecen como paletos a su lado. Los apoyos los recibe por parte de su asistente, una Greta Gerwig irreconocible y completamente fuera de sus registros habituales, cosa que este crítico en concreto agradece y aplaude; un Bobby Kennedy desolado, interpretado por Peter Sarsgaard; un sacerdote católico, John Hurt, o un decorador que la entiende y lamenta su pérdida profundamente sin poder esconderlo, Richard E. Grant.

Fue Natalie Portman la que sugirió, al que iba a ser el director de la cinta, que la dirección recayera en Larraín. Darren Aronofsky –que la había dirigido en Cisne Negro-, se convirtió entonces en el productor del proyecto. Aronfsky se define más como narrador, y lo que quería representar era algo más comercial, por lo que llamaron a Larraín, al que considera más experimental, más europeo. Sería el chileno el que convertiría el relato de esta figura tan icónica de la historia americana en esa experiencia más emocional que buscaba su productor.

Noah Oppenheim imagina en su guion, lo que pudo ser el magnicidio más famoso en la historia, donde su superviviente, una mujer demasiado perfecta que no está hecha para un mundo tan vulgar, sobrevive con la cabeza muy alta a aquel 22 de noviembre de 1963 que marcó la perdida de la inocencia no solo de Jackie, sino de la mayoría de estadounidenses

Theodore H. White, que así se llamaba el escritor del artículo al que hace referencia Larraín al comienzo de la cinta: “For President Kennedy: An Epilogue”, admitió años después que escribió el artículo como un acto de generosidad a la consternada viuda, y que en realidad ese mundo mágico al que Jackie hacía alusión, nunca existió. Con la muerte de Jackie en 1994, salieron a la luz las notas de la entrevista de aquel día que se conservan actualmente en la Biblioteca Kennedy de Washington DC. White insiste en que fue una lectura equivocada de la historia: “No permitas que se olvide, que hubo una vez un lugar, durante un breve momento de esplendor, conocido como Camelot”. Nunca volverá a haber otro Camelot, y sin embargo, el mito sigue vivo.

Pilar Oncina

El día más feliz en la vida de Olli Mäki, de Juho Kuosmanen (Finlandia, 2016)

17 de agosto de 1962

olli

“¿Quieres casarte conmigo?”, pregunta Olli. “¿Vas a ser el campeón del mundo?”, replica Raija, “por supuesto que sí”, afirma él. Ella sonríe y contesta “entonces sí”.

Primer largo de Kuosmanen, premiado como Mejor Película en el apartado Un Certain Regard del Festival de Cine de Cannes del 2016. “El día más feliz en la vida Olli Mäki” narra lo que debía ser no solo el día más feliz de su protagonista, sino un día del orgullo nacional en su país, Finlandia, si se proclamara campeón del mundo de peso pluma, derrotando al actual campeón mundial, un americano, en un combate que tendría lugar en Helsinki, arropado por sus compatriotas, un 17 de agosto de 1962.

Olli (Jarkko Lahti) es un simple panadero de pueblo que pelea bien y al que prepararán para convertir en campeón del mundo, aunque primero tendrá que perder 10 kilos y luego, entrenar muy duro. Solo dispone de unas pocas semanas y del apoyo de su novia que le acompaña a la capital. Sin embargo, su compañía no está bien vista por el entrenador, que la ve más como una distracción, y Raija (Oona Airola), creyendo que hace lo mejor para él y sintiéndose culpable, acaba dejándole solo y abatido en la gran ciudad.

La película está contada en un blanco y negro, que será luminoso y ligero cuando la pareja está junta y se tornará más oscuro y denso cuando están separados. La cámara sigue mucho a Olli por detrás, permitiendo al espectador deslizarse en sus zapatillas de boxeador y dar y recibir los golpes con él.

Las miradas de complicidad, de enamoramiento de ambos personajes están patentes en todo momento, las sonrisas y las risas son genuinas e ingenuas; con Raija todo es fácil, le sigue y le admira, “no te he pedido nada”, le dice en una ocasión cuando él asustado le pregunta “¿y si pierdo?, ¿y si te decepciono”.

olli-2

Basado en una historia real – sus protagonistas de hecho aparecen en varias escenas del film-, el ring es simplemente la forma en que se presenta, no es una película de boxeo, o deportiva al uso, porque el fondo lo marca la sencillez de cómo esta pareja se va enamorando sin tener en cuenta el entorno y, lo único que quieren es pasar tiempo juntos y caminar de la mano por el borde del rio.

Pilar Oncina

Cincuenta sombras más oscuras, de James Foley (USA 2017)

Feliz San Valentín

50

Este año por San Valentín, Christian Grey y Anastasia Steele regalan a los espectadores su esperada reconciliación. El primer encuentro de la pareja es en la exposición fotográfica de José, el amigo de Anastasia, donde 6 fotos de ella dominan la sala. La galerista informa entusiasmada a José del éxito de la venta de dichas fotografías a un solo comprador. La cámara gira y aparece el Sr. Grey: “has sido tú ¿verdad?”, le pregunta Anastasia. “No puedo soportar que otro compre estas fotos y te coma con la mirada”, le responde Grey.

La franquicia toma un nuevo rumbo bajo la dirección de James Foley quien, junto a su guionista, Nial Leonard- esposo de E.L. James, autora de la trilogía-, han sido capaces de captar la esencia del mundo de fantasía de Cincuenta Sombras creado por ésta, trasladándonos sin complejos ni restricciones al mismo, un mundo que su anterior realizadora, Sam Taylor-Johnson no supo generar, puesto que se empeñó en justificarse vendiéndonoslo como real.

Foley es conocido sobre todo por su trabajo en el mundo de la televisión donde nos ha presentado a una Robin Wright más bella y fuerte que nunca como Claire Underwood en “House of Cards”, dando replica primero y luego dominando a su marido interpretado con fiereza por Kevin Spacey. Es responsable, entre otros, del magnífico  episodio en el que desafía al Presidente ruso. La belleza estética de sus producciones aparece también en Hannibal, y en una de las series del momento Billions.

Si en Glengarry Glen Ross, que dirigió en 1992, Foley contaba el reto lanzado a los trabajadores de una inmobiliaria en el que el empleado con mayores ventas conseguiría un cadillac, el segundo un juego de cuchillos y el que menos ventas tuviera, sería despedido, esa lucha por la supervivencia y la búsqueda del éxito de sus protagonistas se podría equiparar en esta cinta con la reconquista por parte del amo/dominador de la sumisa rebelde como triunfo.

El lujo, la opulencia y las excentricidades también aparecen en este film, no olvidemos que el Sr. Grey es ante todo un millonario, y su éxito se demuestra casi, en cada escena de la cinta. La escenografía y los trajes del baile de máscaras en la casa de la familia Grey son de una gran belleza, los planos aéreos de su escapada en barco por los lagos que rodean Seattle están tratados con mucho mimo, y todo salpicado con escasos diálogos y una rica y variada banda sonora que prácticamente los reemplaza (temas de Rita Ora,Taylor Swift, John Legend, Nick Jonas & Nicky Minaj, o Sia entre otros).

Jamie Dornan está mucho más musculado que en la entrega anterior, luce una barba de tres días muy seductora y para deleite de sus fans, se ha desprendido de los vaqueros que le acompañaron en la primera parte, aunque de nuevo, el único desnudo frontal de la película es el de la Srta. Johnson. Actriz que vemos ha perfeccionado el mordisco del labio inferior y sigue contorsionándose de placer con mucha elegancia.

La pareja se enfrenta a grandes pruebas para consolidar su amor, como la aparición de una antigua sumisa de Grey que acosa a Anastasia; el tan esperado encuentro con la Sra. Robinson, una Kim Basinger carente de expresión muy lejos de aquella sensual Elizabeth de Nueve semanas y media; o la entrada en el mundo laboral de Anastasia con un jefe que verá en ella mucho más de lo que debería. Tramas todas que se aceleran para dar más espacio a una nueva etapa del amor entre la pareja, donde el sexo es mucho más light y la dominadora vuelve a ser Anastasia, por lo que los fans incondicionales no se verán decepcionados.

La recaudación durante el primer fin de semana en Estados Unidos superó los 46 millones de dólares, lejos de los 85 millones que consiguió la primera parte en su estreno. Pese a ese claro descenso de taquilla, la franquicia tiene, en opinión de este crítico, el éxito asegurado, quizá no alcanzará los más de 560 millones conseguidos por la primera entrega hasta ahora, pero sus ávidos seguidores continuarán queriendo ver en pantalla grande el final de la historia de amor de esta pareja, pase a que cada vez se “avainilla” más.

Pilar Oncina

 

NOTA: el espectador debe quedarse hasta el final de los títulos de crédito para no perderse una escena que adelanta la siguiente entrega de la trilogía, también dirigida por Foley y con guion de Leonard, o simplemente, esperar al San Valentín de 2018 para verla en pantalla grande.

Callback, de Carles Torras (España 2016)

Il Mondo

images-1

 “¿Te sientes cansado? ¿Te sientes decaído? La solución a tus problemas no es huir de la ciudad, está aquí, en esta lata. Bebe Mega Boost, te sentirás mejor”. Larry De Cecco repite sin cesar las líneas de este anuncio a cuya audición se va a presentar: frente al espejo, desayunando y finalmente mientras cruza conduciendo el puente de Manhattan desde su domicilio en Brooklyn. Su voz es fuerte y muy clara; pero siempre suena igual, sin matices. Y así es también la vida de este aspirante a actor que trabaja como mozo de mudanzas: siempre igual, sin matices. Su rutina se ve perturbada con la llegada de Alexandra, otra aspirante a actriz que viene en busca de la fama y para en casa de Larry gracias a su oferta de couchsurfing.

Larry, interpretado por el actor chileno Martín Bacigalupo, es en realidad un emigrante en busca del sueño americano, convencido de que para conseguirlo y adaptarse a la gran ciudad, debe imitar todo lo que le rodea y reproducir sus estereotipos. Sin embargo, Larry es un perturbado con muy pocas habilidades sociales al que humillan constantemente: su jefe de la empresa de mudanzas y los directores de casting de las audiciones en las que participa. Es un tipo invisible para todos, excepto para él mismo, que se empeña en intentar proyectar esa imagen de éxito en la que parece estar tan obsesionada la sociedad americana a la quiere impresionar.

La fotografía de Callback está desprovista de colores, destacando en ella los tonos ocres, para mostrar la suciedad de una Nueva York más desconocida para el gran público. El sonido cobra también gran importancia, al destacar los ruidos del tráfico y otros más violentos, propios de una gran ciudad que no se esconden en esta cinta. Torras evita mostrar belleza alguna, incluso en una escena en la que Larry habla por teléfono sentado en un banco mientras contempla los puentes de Manhattan al estilo Woody Allen, el espectador es privado de la hermosura de esa típica postal.

Los planos de las escenas más importantes de la película se ven desde la altura de la cintura del protagonista hacia abajo. Larry está presente en todas las escenas y en muchas de ellas mirando directamente a la cámara, generando la incomodidad del espectador. Otros planos muestran las vistas desde las ventanas del metro que le lleva a un Manhattan como paradigma del éxito.

La película fue premiada con la Biznaga de Oro en la pasada edición del Festival de Cine Español de Málaga, en el que también consiguió el galardón al mejor guion, coescrito entre actor y director, así como el premio al mejor actor protagonista. Torras realizó su primer largo en 2004, “Jóvenes”, un film en el que el color, la estridencia de la música y la rapidez de sus imágenes acompañan a un grupo de veinteañeros embarcados en la búsqueda del éxito, ya sea en los negocios, o ya sea en el juego sexual, pasando por todos los estereotipos de mentiras, sexo y drogas. De los excesos, coloridos y sonoros, de sus dos primeros largos, pasó al blanco y negro de “Open 24 hours” -una historia que narra la aburrida y monótona vida de un treintañero, vigilante jurado de noche en una chatarrería- desde el que arrastra al público en sus miserias.

El pesimismo es el principal protagonista del cine de Torras, cuyos personajes descienden a los infiernos en busca de ese triunfo inalcanzable que la sociedad les ha vendido, pero resistiéndose al mismo tiempo a adaptarse a lo establecido, es decir, sin posible salvación.

Los finales de sus películas son abruptos y crean una incomodidad evidente en el espectador; aunque, como dice la letra de “Il mondo” de Jimmy Fontana, al que Larry escucha por primera vez en una de sus mudanzas: “a la noche, le sigue siempre el día”.

Il mondo
Non si fermato mai un momento
La notte insegue sempre il giorno
Ed il giorno verr

Pilar Oncina

Bar Bahar, Entre dos mundos, de Maysaloun Hamoud (Israel-Francia, 2016)

La vida sigue casi igual…

1475148678-barbahar_inbetween_

“Deberías fumar menos, o incluso, dejar de fumar”, le espeta Zaid a Leila mientras van en su coche camino a una cena romántica. “Lo siguiente que me pedirás – contesta Leila- será que cambie mi forma de vestir y que deje de ser yo misma, y eso no estoy dispuesta a hacerlo, me ha costado mucho llegar hasta aquí para cambiarlo. No voy a aceptar cambiar mi camino. Basta de mentiras”.

 “Bar Bahar” está producida por Sholomi Elkabetz , quien dedica la película a su hermana  Ronit Elkabetz, recientemente fallecida de cáncer, con la que co-escribió y co-dirigió 3 películas, incluida “Gett: el divorcio de Viviane Amsalem” (2014). Este film lo dirige debutando en el largo, Maysaloun Hamoud, quien a través de las protagonistas pretende reflejar el movimiento underground palestino con un guion que tiene mucho que ver con su vida y con su generación. Viven entre dos mundos – como indica el título de la cinta-, el exterior que las observa, la familia y la sociedad, y el mundo interior de mujeres liberadas y fuertes que es lo que son en realidad. Y, para ellas, en esa situación, la libertad de trabajar, de divertirse y de elegir no es algo tan sencillo como pueda parecer.

La acción se desarrolla en un Tel Aviv moderno que disfruta de la etiqueta de ser una de las capitales gays del mundo, pero donde aún se esconden muchos prejuicios difíciles de tumbar por la sociedad ancestral y atávica que rodea el resto del país. Película muy colorida, con muchos espacios abiertos y mucha luz en los exteriores, o en la casa de las protagonistas, que contrasta con otros más pequeños y oscuros cuando salen de Tel Aviv.  Las tradiciones, como preparar la comida para el novio o prometido chocan con algo tan sencillo como la posesión de un coche que se puede interpretar como un símbolo de libertad. La película con un tono político medido, lucha constantemente con las contradicciones de querer occidentalizarse, pero al mismo tiempo mantener la cultura y la identidad que les define como país.

La música es parte importante del desarrollo de la acción de la película y refleja también el movimiento cultural palestino del momento.

Salma (Sana Jammelieh) es una DJ lesbiana llena de tatuajes y piercings proveniente de una familia cristiana tradicional cuyos padres, desconocedores de su estilo de vida real, no paran de presentarle pretendientes para que cumpla con su obligación de casarse y formar una familia. Comparte piso con Leila (Mouna Hawa, vista en la serie “Fauda”, que significa “caos” en árabe, donde el conflicto palestino-israelí se muestra con mucha crudeza y violencia desde ambos bandos), una abogada musulmana y burguesa que pasa del blanco y negro de su profesional uniforme de trabajo en los juzgados, al pantalón ceñido y los labios rojos que la representan como la mujer sensual, sexi, independiente y dominante que realmente es. Su rutina de deambular por los locales nocturnos de la ciudad bailando, bebiendo y fumando se ve interrumpida por la llegada de una impuesta compañera de piso, Nour (Shaden Kanboura), musulmana devota y tradicional que estudia informática en la universidad y cuyo prometido Wisam considera que debe mantener atada en corto. Salma y Leila pasan del árabe al hebreo sin ningún problema y se mimetizan con sus contemporáneos judíos con los que viven pensando quizá de forma poco realista que sí están aceptadas por los mismos y por la sociedad.

La llegada al piso de Nour provocará cambios en las vidas de estas tres mujeres que ninguna de ellas esperaba. Leila, siempre tan segura de sí misma, se debilita al encontrar el amor con Zaid un cineasta judío que acaba de volver de Nueva York y con el que decide dejarse llevar; Salma baja la guardia con su familia afectada también por el amor, y Nour descubre que hay mucho más allá de la tradición y la religión que ha conocido hasta el momento. De fondo los conflictos que siguen dominando la sociedad que les rodea, visto por ejemplo en algo tan sencillo como: “Salma no puede discutir en árabe en la cocina donde trabaja porque los clientes israelíes del restaurante se pueden sentir ofendidos”, pero sobre todo, el sufrimiento de la mujer en un mundo en el que nunca será respetada se ve claramente reflejado en una violación que será el punto de partida del cambio en sus vidas.

El plano final de la película es una foto fija que reafirma la triste verdad “la vida sigue igual”, pero que deja al espectador con un halo de esperanza…

Pilar Oncina

AMOR Y AMISTAD, de Whit Stillman (Irlanda 2016)

Se busca marido

mv5bmjexmte1mdaynv5bml5banbnxkftztgwnzq0mdmwote-_v1_sy1000_cr0014981000_al_

En palabras de Stillman en una entrevista concedida al Wall Street Journal con motivo del estreno de su última película aquí comentada: “los jóvenes están haciéndolo lo mejor que pueden para vivir con ciertos códigos sobre lo que está bien o lo que está mal y son más sabios y más prácticos de lo que la sociedad a su alrededor precisa”.

Con “Barcelona” Stillman concluyó su trilogía compuesta por “Metropolitan” y “The last days of disco” sobre jóvenes neoyorquinos, viviendo en la gran manzana, o en el extranjero en el caso de “Barcelona”, en busca de la felicidad, habitando en inteligentes comedias donde se reflejan los cambios culturales de la sociedad narrados a través de los ojos de estos irónicos miembros de una clase social privilegiada, eruditos, románticos y verborreicos, y donde sus protagonistas discuten sobre la obra de Jane Austen, o, los temas de sus novelas aparecen de fondo en sus conversaciones casi sin querer.

La escritora británica está considerada como un clásico de la novela inglesa y ha sido llevada al cine con gran éxito en numerosas ocasiones, incluso en adaptaciones de su obra a los tiempos actuales, y su estilo ha sido ampliamente analizado por la influencia que ha supuesto en la literatura.

“Amor y amistad” está basada en el relato corto “Lady Susan” narrado en forma epistolar, que Austen escribió en 1790 con unos 24 años, pero que no se publicó hasta casi unos 70 años después. Su protagonista acaba de enviudar y, vista su difícil situación económica, decide emprender una cruzada – ya que no se detendrá ante nada- en busca de un marido rico para su hija y es posible, también para ella.

“Lady Susan” es descrita por su cuñada la Señora Vernon en la carta 6 a su hermano el Señor De Courcy Churchill como: “Realmente muy hermosa. Por mucho que quieras cuestionar el atractivo de una dama que ya no es joven, debo afirmar que rara vez he visto a una mujer tan encantadora como Lady Susan…Por su apariencia, se diría que no tiene más de veinticinco años, aunque de hecho debe de tener diez años más… Estaba preparada por lo menos para un cierto grado de confianza impropia, pero su actitud es absolutamente agradable y su voz y sus gestos irresistiblemente dulces. Siento mucho que así sea, puesto que, ¿qué otra cosa es, sino un engaño? Es inteligente y agradable, posee todos los conocimientos del mundo que hacen fácil la conversación, habla muy bien, con un dominio gracioso del lenguaje que se utiliza demasiado a menudo, creo yo, para hacer que lo negro parezca blanco”. Kate Beckinsale da vida a esta hábil manipuladora precedida por una merecida mala fama de mujer fatal e interesada, que aparece prácticamente en todas las escenas de la película llenando la pantalla sin posibilidad de dejar de mirarla. Mantiene una firmeza y un tono interpretativo muy sólido desplegando gran convencimiento en sus argumentos, pese a lo ridículamente superficiales  e insostenibles que son en realidad, todo para conseguir su meta final. Stillman reúne a Beckinsale y Chloë Sevigny (Alicia Johnson), también como mejores amigas, casi 20 años después de “The last days of disco” donde dominaban la noche del Manhattan de los años 80 con el mismo objetivo, la búsqueda de un marido.

Austen describe muy detalladamente a sus personajes dotándoles de tantos matices que convierte el trabajo de adaptación a la gran pantalla, en algo aparentemente sencillo, Stillman es además guionista de todos sus films.  Aprovecha la mayoría de los pocos diálogos completos, así como frases del relato de forma literal y utiliza el estilo “austeniano” para el resto de su guion, de forma que el espectador no pueda apreciar la diferencia sobre la pluma de la que han surgido estas líneas. De hecho, el relato de Austen no está terminado, Stillman se atreve a dotar de un final a la historia que la escritora no concluyó y se permite una licencia al cambiar el color del pelo de la protagonista principal: “es delicadamente rubia, con unos bellos ojos grises y pestañas oscuras”, mientras que Beckinsale es de pelo y ojos oscuros, cosa que en opinión de este crítico, dota de más veracidad a su personaje.

La primera escena de la película es una presentación individual de algunos de los protagonistas de la historia, con un plano fijo visto a través de un objetivo que se va acercando, y con un cartel muy descriptivo de la naturaleza del personaje que mira a cámara desafiante, ignorando la ironía de esos carteles que los definen.  Se repiten escenas similares intercaladas a lo largo del film con la presentación de todos los personajes. Pasan de forma rápida y desconcertando al espectador que ser verá incapaz de retener la información dejándole con la necesaria curiosidad que le meterá en la película de forma involuntaria.

A través del intercambio de las cuarenta y una cartas del relato se irán conociendo a los personajes que describen los cotilleos de la alta sociedad británica de la época, la importancia de las apariencias que defiende la familia Vernon, o el arribismo de las clases altas, representado aquí por el pretendiente Sir James Martin, un divertido Tom Bennett que protagoniza una de las escenas más hilarantes de la película en su disertación sobre los guisantes; el ingenuo Reginald de Courcy (Xavier Samuel), primer confidente masculino de Lady Susan; la cándida Frederica Vernon (Morfydd Clark), resignada hija de la protagonista que acabará rebelándose contra ella y otros personajes secundarios que ayudan a prolongar el enredo característico de las novelas de Austen a los que el lector, y aquí el espectador, no tiene más remedio que jalear.

¿Pensaría la escritora lo mismo hoy en día de esta perla que Lady Susan le espeta a su amiga Alicia sobre su marido?: “Mi querida Alicia, ¡qué error cometiste cuando te casaste con un hombre de su edad! Demasiado viejo para ser agradable y demasiado joven para morir.

Pilar Oncina

Sing Street (John Carney, 2016)

maxresdefault

Moderno de zapatos marrones

“¿Quieres participar en el vídeoclip de mi banda?” propone Connor (Ferdia Walsh-Peelo) a Raphina (Lucy Boynton).

Connor, aún no tiene una banda, pero la atracción que siente por la misteriosa chica que se sienta en las escaleras frente a su escuela es más fuerte que ese pequeño contratiempo, así que decide salvarlo y formar una banda.

La acción transcurre en el Dublín de 1985 donde mandaban el paro y la desesperanza, forzando a sus jóvenes a soñar con salir de la isla y buscar una vida mejor en Inglaterra. Esta situación afecta también a los padres de Connor, una pareja que no se soporta pero que obligados por las circunstancias y por el hecho de que el divorcio esté prohibido, conviven con sus hijos haciéndoles sufrir sus miserias y un desgate emocional que les terminará afectando a todos. La falta de recursos económicos familiares fuerza el cambio de colegio de Connor, un quinceañero tímido y sensible que pasa de una escuela elitista jesuita a un colegio público masificado dirigido por los Hermanos Cristianos en Synge Street. Cosmo, nombre artístico de Connor, encontrará a los integrantes de su banda en la escuela, e incluye al único chico negro de la misma, porque hay que tener a un “negro” en la banda. Deciden llamarse Sing Street por la dirección donde se encuentra su escuela. Sus primeras influencias, musicales y también estilísticas, vendrán marcadas por el videoclip de “Rio” de Duran Duran. Carney expone a esta nueva banda a distintos cambios de looks de la época, imitando a Nick Rhodes (Duran Duran) a Robert Smith (The Cure), o a Tony Hadley (Spandau Ballet), de los que oiremos canciones en el film, junto a otras tantas de Joy Division, Halls & Oates, A-Ha, etc., y también con composiciones del propio director y Gary Clark. Música que provocará una sonrisa nostálgica, sobre todo entre los espectadores de dicha generación, así como un inevitable movimiento de pies al ritmo de la misma.

Brendan (Jack Reynor), el hermano mayor de Connor, contribuirá en su educación musical, ya que él mismo disfrutó de un período de éxito como guitarrista en su adolescencia. De vuelta al hogar familiar tras haber dejado la universidad deprimido por la situación actual, convierte a Connor en su tabla de salvación, ayudándole sobre todo con la conquista de la elusiva Raphina, que está empeñada en escapar a Londres con su novio para convertirse en modelo.

Los videoclips de esta banda de amigos rodados por las calles de Dublín irradian luminosidad y mucha vida contrastando con la amargura y la dureza de las vidas en sus hogares y en la escuela. Las escenas más íntimas entre Cosmo y Raphina son dulces e incluso ingenuas, pero con una parte también de amargura, aunque Carney no permite al espectador que se rinda e insiste en alentar esta posible relación a través de las letras de sus canciones.

Es inevitable recordar la película The Commitments de 1991 donde su director Alan Parker también mostró a un grupo de jóvenes formando una banda Dublín, solo unos años después, aún en crisis, esta vez veinteañeros en busca de otro estilo musical, el soul. Forman “la mejor y más grande banda de trabajadores del mundo”, interpretando el lenguaje de la calle, el lenguaje de la gente trabajadora, porque ellos mismos son gente trabajadora y su música debería hablar de lo que conocen, de sus orígenes, de lucha y también de sexo, en definitiva de “alma”, de “soul”. El manager de The Commitments, Jimmy Rabbitte (Robert Arkins) comenta con uno de sus músicos “quieres ser diferente, por eso quieres estar en una banda”, confirmando lo mismo por lo que pasa Connor. En Sing Street nos encontramos con un guiño a este film de Parker en la madre de Connor, interpretada por la actriz Doyle Kennedy que era una de las cantantes de la banda en The Commitments.

Carney describe Sing Street como un musical furtivo, no parece uno, pero en realidad sí lo es. Defiende su gusto por los musicales tradicionales donde la música transcurre a la par que la historia, sin apartarse de la misma, pero siendo tan importante como sus diálogos, acompañando a sus personajes durante el trascurso de toda la película. Lo mismo ocurre en la cinta que le dio a conocer en 2007, la premiada: Once, donde la historia de sus dos protagonistas viene narrada por las canciones que interpretan en la misma, de nuevo por las calles de Dublín. Mucho más intimista estos dos creadores treintañeros todavía sienten que pueden cambiar el mundo, o mejor dicho, su mundo, con su música, aunque sea a pequeña escala.

Dos cámaras digitales, tres semanas de trabajo y un presupuesto de 100.000€ fue todo lo que necesitó este antiguo bajista y vocalista de la banda irlandesa The Frames para rodar Once. Su mayor éxito comercial fue Begin again, película de 2013 en la que contó con Keira Knightley Mark Ruffalo, James Corden y Adam Levine entre otros. Decepción, engaños, nuevos anhelos, redención  y mucha música llenaron esta vez las calles de Nueva York.

Si los desenlaces de Once y Begin Again podrían ser considerados como un “no-final feliz tradicional” aunque esperanzadores, en Sing Street esta brisa de esperanza  se atisba en una juventud contagiada por el clamor y la fuerza de la música de los años 80, o como dice el título de una de sus canciones: “drive it like you stole it”.

Pilar Oncina