Las Furias: La familia como epidemia

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Las reuniones familiares alrededor de una mesa impecablemente vestida; vajilla para las ocasiones especiales, cristal de Bohemia y cuchillos afilados, escenifican a menudo las batallas más cruentas. No hay nada más antinatural que sentar a una mesa a personas que comparten vínculos sanguíneos y aparentar que todo va bien. El cine ha dado buena cuenta de cómo reventar una cena de Acción de Gracias. Lo ha hecho casi siempre desde la tragicomedia, el único género capaz definir con precisión ese momento en el que el pavo se quema dentro del horno y como espectador no sabes si reír o llorar. Miguel del Arco dimensiona el conflicto familiar dentro de la anécdota fantástica, apelando a las furias, figura mitológica que actúa cuando una persona hace daño a otra de su propia familia, que dan título a su primer largometraje como director. Responsable en parte de la revitalización de la escena teatral nacional con el teatro Kamikaze de Madrid, antes Pavón, como centro de operaciones, del Arco ha parido una serie de montajes a partir de los clásicos y de obras propias, provocando la ira del sector cultural más conservador incapaz de entender los cambios de roles, el atrevimiento en la puesta en escena o los anacronismos musicales que Del Arco utiliza como subterfugio. En su salto al cine se echa en falta el riesgo que caracteriza su faceta como dramaturgo aunque por otro lado, resulta innegable el trasfondo teatral que subyace en la trama pero también en el tono y detrás de muchas soluciones de puesta en escena.

La venta de un viejo caserón familiar funciona como desencadenante de un cisma entre los hijos que crecieron más o menos infelices en él y que en algún momento pensaron heredar. La desintegración de ese pasado, vendido por piezas, catalogado en cajas de cartón, desata una serie de fantasmas que camparán a sus anchas durante el largo fin de semana que compartan en la casa. Padres e hijos arrastran además sus propios dramas al encuentro: el padre, vieja gloria de los escenarios enfermo de Alzheimer, la madre, incapaz de asumir su propia sexualidad a esas alturas de su vida, los hijos que intentan sobrevivir a matrimonios que hacen agua, carreras insatisfechas y otras enfermedades.  Todas las tramas tienen un peso relevante en el relato lo que, teniendo en cuenta el carácter histriónico de muchos de sus protagonistas, resulta por momentos agotador (para bien y para mal). El encuentro tiene mucho de catártico y su clímax final, escenificado como un triple salto mortal sin red es buena muestra de ello. Miguel del Arco sortea en ese momento la noción del ridículo con una serie de giros argumentales que rozan el disparate y que a la postre terminan oxigenando un relato asfixiado en muchas ocasiones por su propia impostura.

En los montajes teatrales que ha dirigido, Miguel del Arco siempre ha abordado personajes femeninos fuertes desafiando los patriarcados y las normas de género impuestas por la escena clásica. En su primera película como director como no podía ser de otra forma, son las mujeres las que marcan el tempo de la trama. En contraposición, los personajes masculinos se muestran vulnerables y dependientes (son ellos los que ejercen de ‘marido de’ o ‘hijo de’).  Con todo, no deja de ser frustrante que el principal conflicto que late en la mayoría de subtramas y que afecta a su protagonista, la madre a la que interpreta Mercedes Sampietro, sea la aceptación de su homosexualidad de cara a su familia. Sería interesante que por una vez, la identidad sexual no resultara un conflicto como tal, y formara parte de su personalidad como pueda serlo en un personaje heterosexual. Se presupone además que ella es una mujer con carácter, capaz de retomar su vida profesional después de años a la sombra de su marido y de mantener con naturalidad una relación sentimental con una mujer más joven que ella con lo que resulta aun más inverosímil su inseguridad a la hora de aceptar esos sentimientos y hacer partícipe a su familia de ellos. Se podría esperar en este aspecto un discurso más apasionado y provocador por parte del director pero en este como en otros detalles, le falta pulso dramático. Se le puede achacar al cambio de medio; quizás encerrar a tanta furia entre el marco de una pantalla de cine no haya sido la mejor salida a una historia que quiere tablas y telón.

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2 thoughts on “Las Furias: La familia como epidemia

  1. Hola, Francisco:

    Veo que vuelve a aparecer la dialéctica cine/teatro tras el debate que tuvisteis Cristina y tú en los comentarios de “Fences”. Me sorprende, por tanto, que recorrra subterráneamente tu crítica algo que la crítica profesional ha utilizado sistemáticamente como arma arrojadiza contra esta película que para mí es estimulantemente conflictiva y distinta: me da la impresión de que la propuesta de Del Arco es tan difícil de analizar que se ha recurrido al automatismo de sugerir “esto estaría mejor en teatro” cuando, en realidad, bebe también de claras fuentes cinematográficas (Desplechin, Almodóvar). Y, por otro lado, nunca deberíamos perder de vista la cercanía entre ambos lenguajes.

    No puedo decir nada malo de tu texto como tal, pero,a pesar de que partes de un conocimiento del Del Arco director de teatro (aunque no creo que los anacronismos musicales, atrevimientos en la puesta en escena y cambios de roles sean privativos de él, sino una de las señas de identidad de la relación entre el teatro contemporáneo y sus clásicos: Lluís Pasqual, Calixto Bieto y Patrice Chereau son tres nombres muy distintos que me vienen a la cabeza), me quedo con la impresión de que cometes alguna injusticia con la propuesta de “Las furias”: me llaman la atención, por ejemplo, el uso del término “memez” y la interpretación de que el personaje de Mercedes Sampietro (que no es necesariamente -o únicamente- una mujer lesbiana) tiene problemas con su identidad sexual (creo que lo que le genera conflicto es el entorno familiar y la urgencia de desvelar su opción afectiva en un entorno con tanta carga de culpas y cuentas pendientes pasadas). De hecho (o, por lo menos, yo lo interpreté así), la venta del caserón es falsa: es lo que dice el personaje de Mercedes Sampietro para salir del paso y lanzar una pista equívoca.

    Un abrazo,

    jordi

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    • Hola Jordi:
      Por tus comentarios tengo la sensación que transmito una idea negativa de la película y eso de entrada ya es un error mío porque la película me pareció muy interesante. Me recordó a una película de Olivier Assayas que me gusta mucho como “Las horas del día”, además de Desplechin, un poco de Todd Solondz y hasta Koreeda (por el tema, no por el tono).

      Había cosas, como el tema de la identidad sexual, que no me gustó como se trató pero por algo en realidad ajeno a la propia película y que es aplicable al cine en general (al menos al cine más mayoritario) cuando aborda un personaje homosexual: si ese personaje tiene un conflicto viene casi siempre derivado por su condición sexual.

      Sobre el tono teatral, tal y como dije a propósito de ‘Fences’, no me parece peyorativo el adjetivo como tal. Creo que en determinadas propuestas es un más todavía y con los actores de ‘Las furias’ la propuesta funciona. Cuando comentaba que la trama quizás necesitaba tablas y telón quería decir que la puesta en escena de la película me parece poco atrevida en cuanto a composición de planos, movimientos de cámara, incluso a la hora de tratar la luz, el sonido o la música. Me esperaba algo más atrevido y menos funcional de Miguel del Arco. Me daba la sensación de que era un borrador teatral convertido en película sin un propósito cinematográfico propio.

      Finalmente, me pensé mucho el usar el término ‘memez’, sobre todo después de tus comentarios en clase sobre ‘imaginad que tenéis que leer la crítica delante del autor de la película’ (y después de la encerrona con los autores de “Los del túnel”). Lo utilizo para hablar de su ‘polémico’ final porque es en ese punto de la película donde creo que Del Arco realmente se desmelena y considero que es lo mejor de la película. Creo que asume su climax final como algo disparatado, casi surrealista, que reduce los dramas que ha abordado hasta entonces a una bobada, una memez. No sé quizás no es lo más apropiado y por eso, lo he eliminado de la crítica.

      Gracias por todos los comentarios y toques.

      Salu2

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