La comunidad de los corazones rotos, de Samuel Benchetrit (Francia, 2015)

Y esta noche, cenamos cous-cous

“Todos los aquí presentes, nos hemos quedado alguna vez atrapados en el ascensor, hasta un máximo de 7 horas en un caso, o incluso, hemos sufrido heridas por su uso – presionando sus botones, uno de los vecinos recibió severas quemaduras en todo el brazo-, así que, vamos a votar para proceder a aprobar una derrama que nos proporcione de una vez por todas, un nuevo ascensor”. Quien así habla es el Presidente de una comunidad de vecinos cualquiera en un edificio de viviendas sociales, decadente, y cubierto de grafiti en un banlieue francés. Solo uno de los allí reunidos se opone a dicho gasto, ya que al vivir en el primer piso, no quiere hacerse cargo de una herramienta que no piensa utilizar. Ni siquiera “por solidaridad” como le proponen sus vecinos, el Sr. Sternkowitz (Gustave Kervern) acepta la derrama, pero se compromete, a no hacer uso del mismo, nunca. En ese momento, mirando la cara del vecino rebelde, el espectador es perfectamente consciente de que eso, no va a poder cumplirse.

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De hecho, será solo unos días después cuando Sternkowitz sufre una parálisis en las piernas, por “una sobredosis de bicicleta estática”, que le sentará en una silla de ruedas hasta su recuperación, y que le obligará a permanecer encerrado en su piso hasta altas horas de la madrugada, que es cuando podrá hacer uso del ascensor sin ser visto por sus vecinos. En su deambular buscando comida en las máquinas de vending de los pasillos de un hospital cercano, conoce a una enfermera solitaria, Valeria Bruni-Tedeschi, a la que visitará cada noche en su pausa para fumar haciéndose pasar accidentalmente por un fotógrafo, trayéndole imágenes que la permitirán soñar y salir de su aburrida rutina. El humor, especialmente físico, que desprenden las situaciones absurdas por las que pasa el Sr. Sternkowitz, se mezcla muy bien con la tristeza y soledad de esta enfermera que parece no haber vivido nunca nada excitante en su vida.

“Asphalte” es el título original del quinto largo del escritor y director francés Samuel Benchetrit, que llega a nuestro país con 2 años de retraso, basada en los relatos del primer volumen, de cinco, que tituló “Crónicas del Asfalto” en los que narra parte de sus primeros 30 años de vida, en este caso, en un edificio en el que creció en el extrarradio parisino.

La segunda historia la protagoniza la Sra. Hamida (Tassadit Mandi), una señora mayor argelina que se pasa el día ordenando su casa, viendo culebrones en la soledad de su salón y echando de menos a su hijo, al que visita en una especie de hospital psiquiátrico. De pronto, un día, llama a su puerta, buscando ayuda, un astronauta americano, Michael Pitt, que ha caído por error, con su módulo espacial en la azotea de su edificio bajo el asombro de un par de vecinos fumados que allí se encuentran. A la Sra. Hamida todo le parece normal, e intenta que la estancia obligada de Pitt en su hogar, mientras la NASA lo organiza para recogerle discretamente, se convierta en una estupenda distracción. Cuidará de él, le alimentará  con su famoso cous-cous, y le vestirá con la ropa de su hijo sin apenas entenderse, puesto que ninguno de los dos habla el idioma del otro.

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La tercera y última historia no está en el libro de relatos de Benchetrit y la protagoniza el propio hijo del director, Jules Benchetrit, como Charly, un adolescente que bien podría representar al cineasta en su adolescencia. Charly parece estar siempre solo, sus padres se comunican con él a través de notas y a éste, no parece importarle. Conoce a su nueva vecina, Jeanne Meyer (Isabelle Huppert) peleándose, cómo no, con las puertas del ascensor que se han quedado en bucle abriéndose y cerrándose en su portal con el consiguiente ruido molesto. Charly la ayuda y en breve empieza a conocer a esta otrora conocida actriz que quiere volver a saborear las mieles del éxito, pero no sabe muy bien cómo.

El formato del film, casi cuadrado, de 1.33, hará que el espectador vea estas historias enmarcadas, como en una viñeta de cómic. La luz es bastante fría, la mayoría de las escenas son interiores o nocturnas, y las que se desarrollan de día, muestran un cielo gris sucio que acompaña perfectamente la soledad de estos personajes anónimos en busca de un trocito de felicidad, ya sea en forma de cámara, de plato de cous-cous, o de una película en blanco y negro.

Pilar Oncina

 

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2 thoughts on “La comunidad de los corazones rotos, de Samuel Benchetrit (Francia, 2015)

  1. Hola, Pilar:

    Has hecho una crítica sólida y bien documentada, en cuyo párrafo final captas muy bien la esencia estética y concepual del asunto, pero, ay, te centras demasiado en desvelar los tres argumentos y, en cambio, pasas por alto el denominador común de todo el asunto -las tres son historias de conexiones improbables-.

    El hijo de la señora Hamida no está en un centro psiquiátrico, sino, claramente, en la cárcel (o, por lo menos, esa impresión me quedó).

    El párrafo en el que hablas del libro queda confuso por cuestiones de concordancia y por una cierta confusión, sustentada en la traducción española del título del primer libro, entre ese primer volumen y el cojunto del proyecto literario de Benchetrit.

    En lugar de:
    ““Asphalte” es el título original del quinto largo del escritor y director francés Samuel Benchetrit, que llega a nuestro país con 2 años de retraso, basada en los relatos del primer volumen, de cinco, que tituló “Crónicas del Asfalto” en los que narra parte de sus primeros 30 años de vida, en este caso, en un edificio en el que creció en el extrarradio parisino.”

    yo propongo

    ““Asphalte” es el título original del quinto largo del escritor y director francés Samuel Benchetrit, que llega a nuestro país con 2 años de retraso, basado en los relatos del primer volumen, de cinco, de su proyecto literario “Crónicas del Asfalto” centrado en narrar sus primeros 30 años de vida, en este caso, en un edificio en el que creció en el extrarradio parisino”.

    Quizá hubiese estado bien aclarar que la película omite ese componente biográfico, que sólo puede ser palpable paar los lectores del libro que puedan establecer cierta conexión entre la figura del adolescente que aparece en la película y el modo en que el autor se construye como sujeto literario en el libro.

    un abrazo,

    jordi

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  2. Muchas gracias Jordi por tus comentarios y por tus sugerencias. La verdad es que hubiera querido leer al menos el primer libro, pero no he podido, por lo que no me atreví a compararlos demasiado, así que agradezco tus comentarios al respecto, aunque sí es cierto que son historias de conexiones completamente improbables.
    Sobre el hijo de la Sra. Hamida, de verdad que pensé que era un psiquiátrico por la forma en la que decían que le trataban, pero vamos, tuve mis dudas también.
    Me gustó mucho la película, y me reí a carcajadas en ciertos momentos con las situaciones, pasé realmente un muy buen rato.
    Abrazos,
    Pilar

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