Fences (Denzel Whasington)

Fences, o la claustrofobia teatral

Hace un siglo que Luis Cernuda, con su poema “Si el hombre pudiera decir”, embestía contra la opresión social que recluía la verdad de las pasiones del hombre, aquella censurada por los códigos de comportamiento, la hipocresía o el miedo incierto a lo diferente. August Wilson parte de una premisa similar en su obra teatral Fences: la angustia existencial que deriva de la discriminación racial como destructora de la identidad personal y la asfixia de las relaciones familiares. Adaptada por el mismo Wilson a guion cinematográfico, Denzel Washington dirige ahora esta cinta en la que comparte protagonismo con Viola Davis; dos actores que ya figuraban como reparto principal de la representación teatral de Fences en 2010.

Con el respaldo de las buenas interpretaciones como valor cinematográfico (¡qué desacertado adjetivo para tan magistrales actuaciones!), Washington se mantiene fiel al espíritu de la pieza y conserva la atmósfera claustrofóbica (tan propia del teatro) apostando por una puesta en escena donde el acento recae en el texto. Al igual que su personaje, empeñado en levantar los muros que resguarden del asedio opresor, el realizador termina por ahogar su propia historia olvidando que el cambio de lenguaje implica una nueva estructuración de los códigos: una construcción de la narración en base al dispositivo fílmico.  Mientras que el relato se reviste de todo aquello propio de las artes escénicas (el estatismo de las escenas, la fuerza interpretativa y la excesiva verborrea), las decisiones formales sufren de una desteatralización por la falta de soluciones creativas que remitieran a la misma esencia del teatro. Fences termina encajando en aquello que se conoce como “teatro filmado” (ese concepto tan discutido, tan cuestionado desde los tiempos de Bazin), donde el plano / contraplano se convierte en la decisión formal más arriesgada de este realizador para filmar diálogos. Víctima de sus propios muros, Denzel Washington queda aprisionado detrás del telón. Quizá debería leer más a Cernuda: “si como muros que se derrumban, para saludar la verdad erguida en medio”…

Cristina Aparicio

 

 

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2 thoughts on “Fences (Denzel Whasington)

  1. Creo que soy la única persona en el mundo a la que le ha gustado esta película y el único también que no confiere al término teatral un carácter negativo. No me molestó en “Fences” ese tono teatral, ni en los diálogos ni en su puesta en escena. Coincido que podría haberla oxigenado algo más, pero precisamente esas ‘vallas’ a las que referencia el título también cercan la historia y sus personajes. Me gusta que las interpretaciones sean tan visceales y que Viola Davis llore exagerada y mientras se sorbe sus propios mocos. No me la creo en ningún momento pero creo que esa hiperbolización, que borda la parodia (involuntariamente, eso si), conforma el músculo y la sustancia de la película (no de la obra, que conste).
    Es cierto que hubiera necesitado un director más arriesgado, que adaptara la obra y le quitara el corsé y hablara de tú a tú a la cámara, pero las decisiones que adopta Denzel Washington son tan provocativas o más que las que podrían derivarse de una lectura más cinematográfica. Los palos que ha recibido son buena muestra de ello.

    Un saludo!!!

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  2. Hola, Cristina y Francisco:

    Aprovecho para celebrar este nuevo debate espontáneo. En este caso, creo que mi posición ante la película se sitúa entre vosotros dos. No soy un entusiasta de la película, pero ni mucho menos siento el mismo rechazo que Cristina, aunque me parece que la suya es una crítica negativa suficientemente argumentada, respetuosa y responsable. Comparto con Francisco la incomodidad frente al uso peyorativo del adjetivo teatral que, de hecho, siempre deberíamos ir con cautela a la hora de manejarlo: de hecho, uno de los referentes que menciona Cristina (Bazin) ya dio toda una lección magistral sobre la cercanía entre ambos lenguajes. Del mismo modo, me preocupa que en la crítica se identifique lo teatral con “el estatismo de las escenas, la fuerza interpretativa y la excesiva verborrea” y con “la atmósfera claustrofóbica” en lugar de con la relación entre unos actores y un espacio (elemento fundamental que el cine -o por lo menos cierto cine- hereda del teatro y desarrolla según sus propios recursos de lenguaje).

    Como a Francisco, a mí me gusta el momento en que Viola Davis se desborda.

    Funcionan muy bien el arranque y la clausura con las citas de Cernuda, pero echo de menos una mayor contextualización de la obra original (que era la pieza de un ciclo dramático muy ambiciosa) y me chirría encontrarme por el camino con un indeseable “en base a”.

    un abrazo,

    jordi

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