Hasta el último hombre: La Biblia es mi fusil

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El sacrificio es el acto central de casi todas las religiones y de él depende en buena medida la concepción de Dios, de Cristo y de la vida humana. De acuerdo a esta definición, es necesario destruir una vida para lograr más vida. En el cristianismo, el sacrificio de Jesucristo, autoproclamado Hijo de Dios, absuelve a la Humanidad en su más vasta y demoledora expresión. Mel Gibson escenificó con detalle su calvario en “La pasión de Cristo” (The passion of the Christ, 2004) provocando a distintos estamentos de la comunidad religiosa. Su decisión, absolutamente legítima, de explicitar los textos sagrados y convertirlos en una carnicería respondian a un principio evangelizador que de alguna manera entroncaba con aquellos predicadores primitivos que utilizaban imágenes del buen pastor, el cielo o el infierno como método para inculcar la doctrina en campesinos normalmente analfabetos. Gibson es consciente del poder de la imagen por encima de casi todo, también de la palabra y en “La pasión de Cristo” y en su siguiente trabajo, “Acapocalyto” (2007) llevaba este mantra estilístico hasta sus máximas consecuencias, rodando en arameo, latín, hebreo y maya. En “Hasta el último hombre” (la –libre- traducción al castellano del título original –“Hacksaw Ridge”- le imprime un inusitado carácter poético a la película), Gibson reincide en las constantes estéticas que definen su trayectoria como director, confiando en el talante aleccionador de sus imágenes para abordar el horror de la guerra.

Mel Gibson encuentra en la figura de Desmond Doss, primer objetor de conciencia del ejército estadounidense y héroe de la batalla de Hacksaw Ridge donde salvó la vida de decenas de compañeros sin sostener un fusil, el mártir idóneo para ilustrar su parábola sobre los rigores del sacrificio. Sus creencias le impiden arrebatar la vida a otro ser humano (japonés o no) aunque ello conlleve poner en riesgo su vida. Doss nunca se cuestiona el objetivo de la guerra, ni evalúa el número de bajas. Esta dualidad permite a Gibson construir un relato sustentado en lo heroico e ilustrado con la épica de las viejas hazañas bélicas lo que provoca una deliberada contradicción entre la forma (cuerpos desmembrados, masa encefálica desparramada) y el contenido.

Al igual que Doss, Gibson no plantea ningún tipo de debate que cuestione la legitimidad o no de la guerra, pero su discurso no está exento del mismo principio evangelizador de “La pasión de Cristo”. Como en aquella, las imágenes del horror en el campo de batalla buscan la reacción (y adhesión) del espectador. Así, cuando Doss es elevado –literalmente- a las alturas, con los brazos en cruz, Gibson da por concluido un relato que culmina en una clara referencia a la resurrección lo que insufla cierto aliento mesiánico o sobrenatural al protagonista.

Estructurada en dos capítulos fundamentales, con un pequeño prólogo en que se aborda la infancia del protagonista en el seno de una familia marcada por el carácter violento del padre, excombatiente en la I Guerra Mundial y un epílogo con testimonios del propio Desmond Doss y algunos de sus compañeros de batallón que terminan por canonizar su figura, Gibson narra el viacrucis, calvario y resurrección de su héroe de acuerdo al imaginario religioso y la tradición de género que cultivaron entre otros, cineastas como John Ford, Raoul Walsh o Nicholas Ray. No podemos entender el descenso a los infiernos de Doss en la colina de Hacksaw sin conocer las motivaciones que lo han llevado hasta ahí lo cual justifica un primer capítulo que por tono y gramática contrasta con el resto del relato, pero que resulta decisivo para entender al protagonista. La planificación de la batalla escenifica una serie de referencias simbólicas (el casco con la cruz sanitaria como corona de espinas, la Biblia perdida en el campo de batalla, las invocaciones a Dios) que resaltan el carácter canónico de la hazaña y la hacen trascender de la mera carnicería. Mel Gibson se muestra mucho más preocupado en representar el verdadero sentido del sacrificio (y el proceso de redención que conlleva) que en la transmisión de un mensaje de tipo antibelicista y en su empeño, congrega a los fieles a su doctrina y los hace comulgar.

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2 thoughts on “Hasta el último hombre: La Biblia es mi fusil

    • Gracias Jordi por los comentarios! No estaba del todo contento con la crítica, creo que repito demasiado la palabra ‘sacrificio’ y tengo la sensación de que no aporta nada excesivamente novedoso con respecto a las críticas profesionales que ha recibido la película. El tema es que la película me gustó, pero no supe enfocar su análisis de un modo más personal.

      gracias de nuevo por tus ánimos!

      Salu2

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