Proyecto Lázaro, de Mateo Gil (España, 2017)

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En 1993 se proyectaba en el Festival de cine Iberoamericano de Huelva la película “El infierno prometido” de Juan Manuel Chumilla Carbajosa (1).  Tuve la ocasión de hablar con el director después de la proyección del film y a la pregunta de por qué había realizado un obra tan “personal” (ese año las películas más taquilleras españolas habían sido todo comedias y él optó por una inclasificable adaptación de un mito clásico ), me respondió que se arriesgó a hacerlo de la manera más libre posible por que no sabía si volvería a dirigir.

“Proyecto Lazaro” es el ultimo film de Mateo Gil, el que prometía ser el más personal de los realizados hasta la fecha.

Promocionada, gracias a su titulo y al cartel, como una película de ciencia ficción, una vez dentro de la placenta narrativa, más que una película de género, el cordón umbilical del relato deriva hacia el drama existencial de un millonario enfermo de cáncer que se hace crionizar para ser despertado en un futuro con el remedio para su enfermedad.

Como el texto del que se nutre, Frankenstein o el moderno Prometeo, el organismo de este relato esta hecho de trozos de literatura, cine, publicidad y redes sociales; su  “corpus fílmico” ofrece 39 minutos de un discurso aséptico que mezcla planos cortos semejantes a los de los anuncios de coches y retro-diaporamas herederos de la publicidad más cool de los 90 (JASPS (2) ). Corren a lo largo del mismo, fluidos discursivos en off del protagonista que recuerdan constantemente el carácter filosófico de cinta. Pero en el  timecode 00:70´:00´´ hay un fracaso multiorgánico que hace difícil la reanimación de la película: “El alma es lo que pierde el filete al ser descongelado” afirma seriamente Marc Jarvis (Tom Hughes) el protagonista en su agonía moral, algo genial en un alegato existencialista si no fuera por la ausencia de tono jocoso, que bien podría haber dotado al relato de una necesaria reanimación corporal.

Desconozco si este es un anhelado e ilusionante proyecto que Gil ha querido revitalizar con su bagaje profesional, pero no ha estado acertado; puede que haya sido por la inseguridad que algunos directores tienen al contar en imágenes lo que magníficamente fluye en palabras, y es una lastima porque esa falta de valentía deja huérfana la narración de una selección de imágenes más puramente icónica.

Aun así, la película mantiene hasta el final su carácter melancólico sin caer en lo ridículo y las dos secuencias independientes de los protagonistas zambulléndose en el mar rodeados de burbujas, metáfora de la vuelta al vientre materno, y la escena en la habitación en la que se produce la separación definitiva de la pareja, dan la suficiente medida del talento de este confuso director.

Creo que con el tiempo el proyecto futuro de su cine “resucitara” más allá de la palabra.

por Antonio Sánchez

(1) “El Infierno Prometido” es la ópera prima del cineasta Juan Manuel Chumilla Carbajosa, está inspirada en el mito de Orfeo y fue rodada en coproducción con Italia. La película supuso también el debut cinematográfico del actor Ginés García-Millán y  contó en su reparto con veteranos actores como Margarita Lozano, Franco Citti o Rafael Álvarez ‘El Brujo’.

(2) https://youtu.be/rJrsUnxLlpo

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2 thoughts on “Proyecto Lázaro, de Mateo Gil (España, 2017)

  1. Hola, Antonio:

    Sabes que, en este blog, siempre he apreciado tu manera sumamente original de aproximarte a la crítica. En este caso, has logrado un texto con mucha personalidad, muy distintivo, pero me quedo con la impresión de que el juego metafórico que recorre toda tu crítica no sirve a la principal función de la crítica, que es la de favorecer la transmisión entre un determinado trabajo (la película) y sus receptores potenciales (tus lectores, el público). Creo que en este texto te has enamorado demasiado de tu propio ingenio y, con ello, has levantado una pantalla (una pantalla de símiles médicos) entre la película y los que leemos tu texto. No he visto “Proyecto Lázaro” y, por tanto, no puedo valorar si eres demasiado injusto con ella, pero lo que sí te puedo decir es que no “veo” la película de Mateo Gil a través de tu texto.

    Vayamos punto por punto:

    El modo en que abres la crítica, con la anécdota sobre la opera prima de Chumilla Carbajosa, resulta problemático por muchos motivos: sería necesario que la relación entre ese anécdota y lo que vendrá después estuviera más clara, fuera más determinante, iluminadora o necesaria. El vínculo en torno a lo “personal” me parece demasiado frágil y, además, lo podrías haber establecido con un sinnúmero de películas. Por otra parte, como ya dijimos en la clase de ayer, no suele ser aconsejable que el crítico “pregunte” al director: el discurso del crítico hay que establecerlo a partir de la obra (inferir a partir de ella y de cualquier tipo de información adicional cuáles son las intenciones para poder establecer y valorar la distancia entre intenciones y resultados, pero nunca hay que sostener ninguna afirmación sobre el argumento de autoridad del cineasta, y menos del cineasta en promoción, porque lo único que lograremos es intoxicar nuestro texto de un modelo de lenguaje ajeno al análisis).

    En el tercer párrafo empiezas a jugar con esas metáforas del campo semántico de lo médico que acaban sojuzgando completamente el discurso: placenta, cordón umbilical, organismo, fluidos, fracaso multiorgánico, reanimación corporal… Hay que ir con sumo cuidado con estas cosas. los sñimiles escultóricos en tu crítica de “Los últimos de Filipinas” estaban en el límite, pero resultaban originales y no condicionaban el conjunto de la crítica. Aquí veo a un crítico muy entusiasmado con la idea que se le ha ocurrido: tan entusiasmado que parece olvidar que, al otro lado, hay una película y que es necesario abordarla con justeza y generosidad de mirada, más allá de que te guste o no.

    Cuando escribes “como el texto del que se nutre” podemos malinterpretar que “Proyecto Lázaro” es una adaptación del “Frankenstein” de Mary Shelley, cuando no es así. Sin duda te refieres a que lo que cuenta la película está en la linea de filiación de ese trabajo, pero conviene dejarlo claro y no dar la impresión al lector de que el crítico ha dado un traspié o ha transmitido una información inadecuada.

    La originalidad en la expresión es, sin duda, un valor, pero hayq ue controlar el tono. En tu texto me encuentro con expresiones que no me parecen en absolurto naturales: retrodiaporamas, timecode… Por otro lado, ¿crees en serio que la campaña JASP se puede enmarcar dentro de “a publicidad más cool de los 90”?

    En el antepenúltimo párrafo, cuando elaboras tu juicio (negativo) sobre la película, lo enuncias, pero no lo demuestras, no lo ilustras y, por tanto, el efecto es el de una sanción un poco gratuita. Por otro lado, en esa frase hay dos problemas de concordancia. cuando escribes “lo que magníficamente fluyen en palabras, y es una lastima porque esa falta de valentía deja huérfano a la narración”, deberías haber escrito “lo que magníficamente fluye en palabras, y es una lastima porque esa falta de valentía deja huérfana a la narración”. Imagino que todo se deberá a lapsus por las prisas al subir el texto, pero es importante hacer una revisión exhaustiva porque esas pequeñas aristas gramaticales pueden acabar desautorizando una crítica.

    En el penúltimo párrafo “zambuyéndose” debería ser “zambulléndose”.

    Un abrazo,

    jordi

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    • Gracias por la crítica Jordi, tomo nota de todo, y espero hacerlo mejor en la próxima, creo que puedo mejorar en claridad expositiva en las próximas pero ser injusto no me lo perdono: iré con más cuidado en las próximas críticas. Lo siento. Un saludo

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