El imperio de las sombras (Kim Jee-woon, Corea del Sur, 2016)

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Virtuosismo ostentoso

El trauma nacional que conllevó la larguísima ocupación japonesa del territorio coreano –bajo administración del expansionista imperio nipón desde 1910 a 1945- parece emerger en los últimos años, lenta pero contundentemente, en el imaginario de varios autores surcoreanos preocupados por la cicatrización de las consecuencias derivadas de tan determinante periodo. La mayor parte de los directores que se han aventurado recientemente en la reproducción de estos tiempos proviene de una generación nacida ya durante la década de los sesenta o posteriormente, en el contexto de un país fracturado en dos mitades. Para estos realizadores la ocupación queda elevada a la categoría de Historia no experimentada en primera persona, susceptible de ser percibida a través del terreno de la distancia, lo lejano o de lo mitificado. De esta manera, se entiende la estilización formal y el juego genérico con que se aborda el momento, renuente al realismo en beneficio de una concepción que empapa la reconstrucción del episodio en los códigos de ciertos géneros tradicionales, como si el terreno del pasado no vivido pudiera expresarse mejor a través de la relectura de algunas maneras del clasicismo cinematográfico. El thriller a menudo se contempla como elemento demiúrgico capaz de organizar los contenidos de estas propuestas: si La doncella (Park Chan-wook, 2016) abrazaba la fusión entre el melodrama romántico y el film de misterio erótico; o Asesinos (Choi Dong-hoon, 2015) se decantaba por el suspense y la action movie, El imperio de las sombras se sumerge en los códigos del thriller de espionaje y las dicotomías tortuosas del agente doble. Todos estos filmes recrean una ficción de elaboradas coordenadas para sumir al espectador en una reflexión amiga del entretenimiento más lúdico.

Kim Jee-woon, tras filmar en Hollywood la desigual El último desafío (2013), vuelve al hogar, contando ahora con el apoyo financiero de Warner Bros, para confeccionar una espectacular producción en torno a la resistencia patriótica coreana de finales de los años veinte, la capitulación ciudadana frente a un opresor extranjero y la inevitable toma de conciencia en pos de un evidente y antipático orgullo nacional. La película, que guarda más de un paralelismo con la mencionada Asesinos, se abre con una virtuosa y espectacular secuencia de persecución, prólogo al drama tejido alrededor de un policía coreano (el excelente Song Kang-ho, aquí frecuentando registros que van de la seriedad al patetismo cómico, pasando por un heroísmo algo impostado), en ambivalente debate ideológico por mantener la lealtad al régimen japonés para el que trabaja o comprometerse con el grupo de la resistencia al que le han ordenado espiar, liderado por un carismático Gong Yoo que, sin embargo, encarna a un personaje cuya edificación de rasgos definitorios se muestra algo unidimensional desde la propia concepción dramática del guión.

Marcando distancias estilísticas con las sofisticadas y elegantes ideas visuales presentes en el cruel y atípico retrato sobre la venganza conseguido en Encontré al diablo (2010), Kim juega con las reglas del clasicismo para cargarlas de una intensidad formal que, de alguna manera, lleva a la hipertrofia muchas de sus propiedades. A través de una cuidadísima reconstrucción de la época, haciendo hincapié en las atmósferas cerradas y viciadas; una cámara agresiva y nerviosa capaz, literalmente, de hacer vibrar las imágenes en sus escenas de acción; y una narrativa innecesariamente alambicada cuyo destino es llegar a un final forzado y altisonante, El imperio de las sombras se contempla como un ejercicio de género técnicamente deslumbrante, estructuralmente excesivo y dramáticamente irregular. Aunque, en cualquier caso, la película posee en su centro una prolongada y refinada secuencia, la magistral set piece acometida en el interior de un tren, llena de suspense y abundante inventiva en la puesta en escena, capaz por sí sola de dar la medida del talento de Kim Jee-woon a la hora de abordar la planificación de complejas unidades de tiempo y espacio mientras son atravesadas por inquietantes alianzas y traiciones humanas.

Miquel Zafra

 

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One thought on “El imperio de las sombras (Kim Jee-woon, Corea del Sur, 2016)

  1. Hola, Miquel:

    De nuevo, un texto irreprochable que hasta me produce sana envidia, al comprobar con qué equilibrio lo has ido hilvanando todo: a) el contexto histórico; b) el modo en que lo revisitan directores de una generación que no lo “vivió”; c) el uso del cine de género para abordar ese pedazo de la memoria histórica; d) la interpretación de los actores y e) los claroscuros expresivos y estructurales del conjunto. Has conseguido un texto que es como una fortaleza inexpugnable: no tiene flanco débil y, al mismo tiempo, es claro en su argumentación, evitando toda espesura.

    Enhorabuena.

    Un abrazo,
    jordi

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