Como perros salvajes

El estilo samurái

En los primeros minutos de Como perros salvajes (Dog eat dog), Mad Dog  (Willem Dafoe) está en una habitación de color rosa tan intenso e irreal que, teniendo en cuenta el estado mental del personaje, se llega a dudar de que sea así tanto como de que la luz del baño sea intensa e irreal… pero azul. Después de que la realidad confirme la viveza de la gama cromática y no solo en esos tonos,  la siguiente escena resulta estar en blanco y negro.

Superado el posible desconcierto, no solo se revela una gran presentación de personajes: si Mad Dog parece surgido de Requiem por un sueño,  Troy (Nicolas Cage) querría pertenecer a El Sueño Eterno, sino que el cambio inesperado da el tono de una película en la que poco o nada va a discurrir como se presupone. Y pocas cosas más gratificantes para el espectador y crítico sin complejos que descubrir que un director de largo recorrido tampoco los tiene.

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Paul Schrader no vive de glorias pasadas. Para esta película no consiguió el dinero suficiente que le permitiera una gran producción. Se llevó el rodaje a Cleveland y dijo a su equipo que lo bueno era que podían hacer lo que les diera la gana y que sólo había una regla: que no había reglas.

Y se lo tomaron en serio.

Como perros salvajes, sórdida y violenta, es en el fondo una historia clásica de cine negro: tres hombres con pasado poco edificante, una misión que sale mal y una huida hacia delante. Pero entre el arrebatado momento rosa y el tremendo final en medio de una onírica bruma roja, hay noventa minutos de puro divertimento asilvestrado con ansias de volatilizar clasicismos.

Hay una escena espléndida, no solo por lo alegórica, de una conversación a tres bandas en una sala de billar. A esas alturas el espectador sospecha que el taco del destino va a jugar con los protagonistas hasta encontrar para cada uno su propio agujero. Mad Dog, Troy y Diesel (Christopher Matthew Cook) son escorpiones encima de ranas intentando cruzar a la orilla de otra posible vida pero que no pueden luchar contra su naturaleza. Cuando se explica que el trabajo que van a llevar a cabo será a todo o nada, victoria o muerte “estilo samurái”, a la pausa que sigue para saber si se ha entendido el concepto, la respuesta es “Jackie Chan”.

Pues ese es el espíritu de la película.

Schrader se lo pasa bien detrás y delante de la cámara y, si el paternal gangster que interpreta tiende la mano a Troy y sus chicos, como director se la tiende al patio de butacas esperando saber si hay trato o no y si queremos  compartir con él su particular momento epicúreo. Estrechársela es abandonar prejuicios y contagiarse de la diversión que debió ser el rodaje.

Hay grandes momentos en Como perros salvajes. Si el principio es un regalo para Willem Dafoe, el final, con una sorprendente elipsis que da para otra película, está a la altura de un inmenso Nicolas Cage y ambos, actor y director, se resarcen de su anterior colaboración, la sosa por convencional Caza al terrorista.

Hay muchos detalles en Como perros salvajes: la escogida banda sonora, las letras mal puestas en un falso coche de policía, los trajes de Troy, un enorme colgante con la palabra “happy”…

El señor Schrader es bueno en su oficio pero aquí además se ha sentido feliz y libre y que un director se desmelene de esta manera con Nicolas Cage a los mandos, al menos desde estas líneas, es motivo de celebración.

Ana I. Álvarez Gª

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2 thoughts on “Como perros salvajes

  1. Hola, Ana:

    De nuevo, una crítica excelente, llena de frases contundentes y de recursos imaginativos para sacar a la luz la verdadera naturaleza de la película, donde cada impacto está, sin duda, al servicio de una intención. Me parecen muy destacables fragmentos como los siguientes:

    “Hay una escena espléndida, no solo por lo alegórica, de una conversación a tres bandas en una sala de billar. A esas alturas el espectador sospecha que el taco del destino va a jugar con los protagonistas hasta encontrar para cada uno su propio agujero. Mad Dog, Troy y Diesel (Christopher Matthew Cook) son escorpiones encima de ranas intentando cruzar a la orilla de otra posible vida pero que no pueden luchar contra su naturaleza”

    o

    “Schrader se lo pasa bien detrás y delante de la cámara y, si el paternal gangster que interpreta tiende la mano a Troy y sus chicos, como director se la tiende al patio de butacas esperando saber si hay trato o no y si queremos compartir con él su particular momento epicúreo. Estrechársela es abandonar prejuicios y contagiarse de la diversión que debió ser el rodaje” (Aunque aquí, al final, hubiese sido preferible un “debio de ser” en lugar del “debió ser”).

    En algún punto concreto del texto, yo plantearía una revisión de la puntuación. Por ejemplo,

    En lugar de “Superado el posible desconcierto, no solo se revela una gran presentación de personajes: si Mad Dog parece surgido de Requiem por un sueño, Troy (Nicolas Cage) querría pertenecer a El Sueño Eterno, sino que el cambio inesperado da el tono de una película en la que poco o nada va a discurrir como se presupone” sería mejor “Superado el posible desconcierto, no sólo se revela una gran presentación de personajes -si Mad Dog parece surgido de Requiem por un sueño, Troy (Nicolas Cage) querría pertenecer a El Sueño Eterno-, sino que el cambio inesperado da el tono de una película en la que poco o nada va a discurrir como se presupone”, porque así se facilitaría la lecra y nos perderíamos entre el “no sólo”, y el “sino”.

    Hay, no obstante, algo importante que echo de menos: la mención a que estamos ante una adaptación de una conocida novela de Eddie Bunker, escritor y ocasional actor (era uno de los “Reservoir Dogs”) que, partiendo de su condición de ex presidiario, siempre construyó sus ficciones a partir del punto de vista del delincuente, con un visible rechazo hacia la sociedad de los integrados que respetan la ley. Al mismo tiempo, el humor desaforado de la película ya está en ese original y no es aportación de Schrader, aunque este lo refuerza a través de los excesos visuales y estilísticos de la película.

    Me gusta mucho cómo apuntas a que la trama de la película podría ser la de un título convencional de cine negro: en efecto, estamos dentro del subgénero del último golpe antes de una supuesta redención que se tuerce y sale mal.

    Un abrazo,

    jordi

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  2. Hola Jordi.

    Gracias por el comentario. Entono el mea culpa por ignorar la fuente literaria de la película. No tengo excusa, me llevó todo el tiempo disfrutarla.
    Hago propósito de enmienda. Estas cosas me duelen más a mi que a nadie, en serio. En cuanto a Dog eat dog, tendré que hacerme con él y leerlo. Para eso no es tarde.

    Gracias mil.
    Besos.

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