Barco fantasma

En 1968 Stanley Kubrick revolucionó el panorama de la ciencia ficción y del lenguaje  cinematográfico con 2001: una odisea del espacio. En la epopeya de ciencia ficción  el británico exponía su paradójica visión  del hombre eclipsado por el desarrollo tecnológico   a través de los ojos de un ordenador: Hal 9000. Los ecos de Kubrick han trascendido el tiempo  como demuestra la  mirada  que propone  Mauro Herce en el documental Dead Slow ahead.  El espectador se embarca en un desconcertante viaje en  busca de los horizontes de lo desconocido   donde es testigo de la no-vida  de los marineros del carguero Fair Lady que, convertidos en meros autómatas  enclaustrados y alienados por los imparables motores, parecen encontrar su único vestigio de humanidad  en  una fiesta de karaoke.

La propuesta de Herce  encuentra su mayor atractivo  en un montaje casi expresionista, basado en un imaginativo trabajo de iluminación y construcción de planos estáticos,  con los que   logra un tratamiento estético de las  imágenes y sonidos reales de los ambientes portuarios, las máquinas,  las estancias del barco que  podrían llevar a pensar que se trata   del último viaje de una nave espacial con rumbo hacia los confines del tiempo.

 

Otra interpretación de este ambicioso juego   formal  entre realidad y ficción evoca de alguna manera  los mecanismos del cine de  terror psicológico, al  suscitar la sensación de que los laberínticos interiores del barco no son sino  las entrañas de un monstruo que  va devora poco a poco a los tripulantes,  estableciendo así  una metáfora sobre los peligros de la industrialización del siglo 21 como feroz depredador de la naturaleza humana. El resultado final es un documental con un ritmo tan lento como el que impone su título, que no pierde en ningún momento su carácter de experiencia sensorial, tan potente  como excepcional.

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One thought on “Barco fantasma

  1. Hola, Nico:

    Buena y concisa crítica ante la que tengo que proponerte algunas puntualizaciones, que, por supuesto, no interfieren en tu personal e interesante lectura de la película. Para empezar, aunque Kubrick instaló su residencia y base de operaciones en Gran Bretaña, no era británico, sino norteamericano: neoyorquino, de hecho.

    Por otro lado, los planos estáticos no son la base del lenfguaje visual de esta película, donde la cámara recorre (eso sí, de maner bastante ceremonial) los espacios de este carguero.

    En cuestiones de estilo, la cercanía en el segundo párrafo de las palabras estáticos y estéticos te genera una rima indeseable. Algo parecido ocurre hacia el final con “sensorial” y “excepcional”. E imagino que “va devora” de ese último párrafo es un “va devorando” que te has comido (o has devorado) con las prisas.

    Por lo demás, un texto brillante en el que valoro especialmente la gran capacidad de síntesis.

    Un abrazo,

    jordi

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