El editor de libros: formalidad gris

Una historia sobre los grandes escritores de la Generación perdida plantea un riesgo ineludible: pasear los rostros de sus protagonistas, como si fuera un museo, sin una narrativa detrás. El Midnight in Paris de Woody Allen gravitaba con particular capacidad sobre este riesgo, aprovechando el carisma de los escritores, sin descuidar los aspectos narrativos vertebradores.

El editor de libros está marcada por una constante tonalidad gris. Un gris que, de manera imprecisa, intenta vincularse con una Gran Depresión que aparece de fondo. Se extiende a lo largo de toda la película dando una vaga ambientación de época que, sin embargo, sólo acaba ensombreciendo y restando fuerza a las escenas que pretenden exaltar la luz de la creación literaria.

Intentando cubrir la historia de los dos protagonistas a lo largo de varios años, Michael Grandage (que debuta como director de cine) formula sucesiones de escenas que saltan en el tiempo sin la más mínima pista visual que denote ese cambio. Podrían ser cinco minutos o cinco años. Esa velocidad, en una película que descansa su peso sobre el carácter de los personajes, acaba restando toda profundidad  (especialmente al teórico protagonista, Max Perkins) y deja inconclusas tramas que, en la primera mitad de la película, se plantean como fundamentales.

De esta manera, Perkins acaba sometido a la figura hiperactiva de Thomas Wolfe. Firth mira, como un espectador más, mientras Law llena la pantalla. Aunque sin un mínimo esfuerzo por salir de esa superficialidad y rapidez,  Grandage consigue algunos destellos de interés, especialmente en lo que rodea a la prosa de Wolfe y las dudas de Perkins sobre el oficio de editor. Sin embargo, opta por llevar hasta el extremo una narrativa biográfica que anula todo dramatismo a esos momentos de duda, arte y amistad.

Al final, El editor de libros cae en el cine-museo que Allen consiguió evitar en París. Esforzándose en que salga todo, Grandage no cuenta nada. Perkins, pero también Hemingway y Fitzgerald, son meros espectadores del carisma de Wolfe (auténtico protagonista), que sirven de adorno a una película que está más cerca del documental dramatizado que de la historia que pretende ser.

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One thought on “El editor de libros: formalidad gris

  1. Hola, Mario:

    No he visto “El editor de libros” y, por tanto, no puedo discutir con propiedad tu percepción de la película, pero sí señalar los elementos que puedo echar de menos en tu texto y los detalles que me parecen ambiguos o poco argumentados. Cuando digo que no puedo discutir tu percepción de la película no quiero que interpretes que esa percepción puede ser discutible: el gusto del crítico -y del espectador- siempre es soberano y la película más sólida del mundo siempre podría inspirar un buen texto capaz de cuestionarla. Lo que sí es importante es que la película esté en el texto, que el lector entienda las razones de esa puesta en cuestión.

    Para empezar, no estoy seguro de que una película como “Midnight in Paris” sea la más indicada para esgrimir como elemento de confrontación con “El editor de libros”: son películas cuyas intenciones y propósitos no tienen nada que ver, aunque compartan algunos personajes y un mismo contexto histórico. Por otro lado, el modo en que Allen retrataba ahí a Fitzgerald, Buñuel, Hemingway y Gertrude Stein, enre otros, era extremadamente frívolo y superficial: no era grave porque, en el fondo, “Midnight in Paris” no aspiraba más que a ser el equivalente cinematográfico de uno de esos relatos culteranos en clave cómica que Woody Allen escribía para el New Yorker.

    “El editor de libros”, según tengo entendido, pretende ser otra cosa: ahí entramos en el terreno de la película biográfica, centrada, en este caso, en la relación entre el editor Max Perkins y el escritor Thomas Wolfe. Sería, pues, necesario que una crítica intentase situar antes a esos personajes: no se trata tanto de vertir información enciclopédica, sino de sintetizar, esclarecer quiénes son esas dos figuras -no tan conocidas para el lector medio como Fitzgerald y Hemingway, por otra parte- y, en la medida de lo posible decir algo personal sobre ellos. También sería preciso que dijeras algo más sobre el director: sí, es un debutante, pero también un actor de amplísima carrera televisiva.

    En diversos pùntos del texto topo con expresiones confusas o demasiado alambicadas: ¿qué has querido decir, por ejemplo, con lo de “El Midnight in Paris de Woody Allen gravitaba con particular capacidad sobre este riesgo”? Sé lo que has querido decir, pero ¿es “gravitar” el verbo adecuado para transmitir la idea que pretendías?

    Otra expresión que me parecen forzadas: “(el director)formula sucesiones de escenas”, Cuando escribes que el cineasta consigue “algunos destellos de interés”, tendrías que haber explicado en qué consisten, cómo se formulan… Finalmente, la expresión “documental dramatizado” encierra una paradoja que tu texto no resuelve: ¿realmente era esta la mejor manera de definir un biopic desafortunado?

    Un abrazo,

    jordi

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