1898. Los últimos de Filipinas (2016). Salvador Calvo

1898. Los últimos de Filipinas es un proyecto fílmico que sale a la luz con dos grandes errores de inicio: la intención de ser una miniserie de dos capítulos para televisión (película alargada en exceso)  y ser producida por TVE ( formato y target equivocado).

Los cimientos de esta superproducción (como la iglesia del pueblo de Baler, al que son destinadas las tropas españolas) son robustos, capaces de sostener un presupuesto de 6 millones de euros. La estructura es clásica, granítica y, dentro de la ermita, como en la mente de los protagonistas, no hay lugar para el cambio, la novedad o la transformación de unos hombres que tienen tan asimilada su autocensura que no hay intersticio por el que se atrevan a mirar…

…una lástima porque el film tiene un inicio prometedor; elegantes planos generales, luminosas imágenes aereas, brillantes cenitales de infografía: promesas de espacio, inmensos huecos para respirar. Todo muy bien estructurado y a las órdenes de un claustrofóbico proyecto con presagio de asfixia.

Dentro de la iglesia, hay pinturas, bajorrelieves y esculturas y en la película hay personajes delineados, dibujados u horadados, pero no hay cincel actoral…otra pena, el reparto prometía.

Eduard Fernández y Karra Elejalde, escultóricos, los más “rodinianos”; Alvaro Fernandez y  Javier Gutiérrez, bultos redondos (en la mejor de sus acepciones), este último heredando rasgos de su personaje en “La isla mínima”: mas reconocible, menos clarividente; Luis Tosar y Carlos Hipólito, mediorelieves,  más por sus presencias que por sus empeños; los demás, relieves hundidos de series televisivas. Mención especial para la cantante y actriz debutante Alexandra Masangkay, serpenteante interpretación, plenitud de voz…continuada corriente telúrica.

Al igual que los soldados españoles van al auxilio de las últimas colonias, esta película ha querido ir al rescate del espectador nacional, ambos con muy buena intención y contra el mismo enemigo: Estados Unidos.

La mayor victoria hubiera sido no imitarlos

Antonio Sánchez

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One thought on “1898. Los últimos de Filipinas (2016). Salvador Calvo

  1. Hola, Antonio:

    Una vez he comentado tu texto sobre “Las inocentes”, le he dado a tu nombre para ver todo lo que llevabas escrito en el blog y comprobar esa evolución de la que te hablaba y, de repente, me encuentro con este texto que debí de pasar por alto en su momento. Discúlpame por no haberlo comentado hasta ahora: se me pasó.

    Aquí ya empezaba a palparse lo que te indicaba con respecto al texto de “Las inocentes”: una voluntad de proponer un discurso más construido preservando tu manera perosnal de analizar las películas. El final de la crítica es estupendo, pero no me gusta el primer párrafo, porque sancionas como “errores” lo que, en el fondo, son condicionantes de producción. Entiendo lo que quieres transmitir, pero creo que hubiese sido preferible hacerlo de otra manera y no condenar el arranque de la crítica con algo tan gélido que le quita poder de seducción al arranque de tu discurso.

    En este texto consigues un considerable pico de originalidad con el juego metafórico escultórico que propones en el antepenúltimo párrafo, aunque le cambias el nombre a Javier Guitérrez y no sé si llegan a transmitirse con total claridad los matices que sugieres entre las diversas categorías de interpretación.

    He tenido que leer dos veces este fragmento para entender lo que querías decir: “La estructura es clásica, granítica y, dentro de la ermita, como en la mente de los protagonistas, no hay lugar para el cambio, la novedad o la transformación de unos hombres que tienen tan asimilada su autocensura que no hay intersticio por el que se atrevan a mirar…

    …una lástima porque el film tiene un inicio prometedor; elegantes planos generales, luminosas imágenes aereas, brillantes cenitales de infografía: promesas de espacio, inmensos huecos para respirar. Todo muy bien estructurado y a las órdenes de un claustrofóbico proyecto con presagio de asfixia”.

    Una vez lo he entendido, no me parece mal, pero no está de más confesarte que he tenido que volver al texto, probable indicio de que quizá hubieses tenido que plantearte una mayor claridad en la exposición de este punto.

    un abrazo,

    jordi

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