La mort de Louis XIV (Albert Serra, Francia, 2016)

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El sol se pone

Tras exprimir las radicales fórmulas de vaciado –dramático, psicológico, simbólico- practicadas en Honor de cavalleria (2006) y en El cant dels ocells (2008), y tras mostrar su metodología creativa a través del fuera de campo en la fundamental correspondencia fílmica El Senyor ha fet en mi meravelles (2011), el estilo de Albert Serra inició una evolución expansiva con Història de la meva mort (2013). Sin abandonar las máximas de su cine (absoluta primacía de los tiempos muertos, recreación de figuras determinantes de la cultura y la Historia occidentales, improvisación de actores no profesionales), aquella película incorporaba a su lenguaje elementos que aligeraban esa abstracción conceptual a la que previamente se aspiraba, mientras comenzaba una lenta operación de rellenado –musical, narrativo, lumínico- tanteando nuevas fronteras expresivas. Todos ellos eran trabajos en los que se beneficiaba el proceso de creación por encima del resultado, donde el autor catalán perseguía la producción de algo en vez de su reproducción, además de juguetear recurrentemente con su material, contradiciendo en cada fase de la producción los resultados obtenidos en la anterior, y buscando así la constante sorpresa de su propia mirada.

La mort de Louis XIV, sexto film de Serra (no hay que olvidar su irreverente y lúdico debut en 2003, Crespià, the film not the village), parece encontrar una dramaturgia estable, quizá mas convencional y menos espontánea, continuando la senda abierta hace tres años y alejándose de sus obras más puramente formalistas, sin dejar de serlo. Mediante la documentada y minuciosa reconstrucción de los textos dejados por el duque de Saint-Simon, la película aborda las dos últimas semanas de vida, de agónico discurrir, de Louis XIV, ese Rey Sol de larguísimo reinado, paradigma de las monarquías absolutas europeas. Con un guión por primera vez escrito en compañía, junto a Thierry Lounas, de diálogos cerrados, interpretados por actores profesionales (salvo la lánguida y cómica aparición del curandero charlatán encarnado por Vicenç Altaió, el Casanova de Historia de la meva mort), la película se afana en crear una atmósfera opresiva, física y realista, de escenario casi único (el breve prólogo se desarrolla en el exterior que el rey contempla, sin saberlo, por última vez), reproducido en esa habitación versallesca repleta de terciopelos, velas, colores rojo carmín y olor a podrido, y en la que el septuagenario hombre que sólo ha conocido el poder, quedará reducido a sus ruinas hasta morir. La belleza con la que está fotografiado este interior, es comparable a los exteriores majestuosos presentes en las primeras cintas de Serra.

Filmada con tres cámaras simultáneas, de un estatismo mortuorio –salvo escasas y sutiles correcciones de encuadre- La mort de Louis XIV inspira su estética en las composiciones de la pintura barroca, abrazando su rechazo a la idealización, sus luces en claroscuro, sus perspectivas diagonales o sus volúmenes de distribución asimétrica. Como siempre en Serra, abundan los planos largos, aunque las tres cámaras favorecen un mayor dinamismo entre los cortes de montaje que, sin embargo, no impiden la transcripción de un tempo, más que lento, suspendido: las escenas, cotidianas y dolorosas, se suceden con intensidad uniforme hasta el ineluctable final anunciado desde el título. Y durante todo ese proceso de descomposición del ser terrenal que se va, médicos, ministros y criados, permanecen diligentemente junto al monarca, intentando curar y, en última instancia, aliviar los síntomas producidos por la gangrena, formando una especie de impotente platea que asiste a un fascinante teatro de la enfermedad, mientras el tono del film se adereza con licencias poéticas y humorísticas que subrayan el patetismo y el ridículo de las formas cortesanas de principios del siglo XVIII. El director supera su aparente aversión a los actores profesionales, trabajando con mimo con todos ellos, gestando momentos de auténtica ternura interpretativa, aun a pesar de la dicción monocorde marcada para la mayoría. Probablemente, sea en lo actoral donde toda la fuerza y la verdad que las imágenes transpiran, alcance sus cotas más altas: desde Patrick d´Assumçao, que interpreta al preocupado pero incapaz médico real, hasta el casi mitológico Jean-Pierre Léaud como Rey Sol, actor a menudo dado a cierta sobreactuación al que Serra logra modular hacia una contención prodigiosa. Léaud compone una meticulosa interpretación en la que el cuerpo postrado apenas participa y en la que todo queda reducido a la suave debilidad de su voz, y a su rostro, primero desconsolado y luego resignado. Haciendo gala de un apabullante control de los músculos faciales, Léaud imprime delicadeza a su encarnación con un temblor de mejilla, unos labios que rechazan la comida y el vino, o con unos ojos que miran directamente a cámara, entre asustados, airados y conscientes de la inevitabilidad de su destino. El proyecto –en principio una instalación para el ámbito museístico- nace con el actor francés, icono del cine galo al que, obviando su primera infancia, se le ha visto pasar por todas las edades de la vida (como al monarca en su reinado), siendo también la obra un documental en paralelo sobre el cuerpo envejecido del intérprete.

Tratado humanista –ese humanismo que se intuía pero que no acababa de aflorar en el cine previo del gerundense, más allá de su superficie- sobre la vulnerabilidad del cuerpo del tirano en decadencia, y su triste ausencia de privacidad, pues al final sólo queda un hombre que sufre y al que todos miran; documento acerca de la medicina en estado embrionario, dando sus primeros pasos como ciencia a base de prueba y error (la frase final del médico Fagon en la que recita a cámara un humilde la próxima vez, lo haremos mejor, tras realizar la cruda y explicita autopsia al cuerpo del rey); y apuesta estética en clave de réquiem con la que Albert Serra abandona varios de los recursos que rendían pleitesía al vacío, llenándolos con una corporeidad formal y dramática distanciada de sus primeros pasos aunque heredera de ellos, para sumergirse en un cine relativamente más accesible, pero también más comprometido con lo narrado, sincero y profundamente hermoso.

Miquel Zafra

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One thought on “La mort de Louis XIV (Albert Serra, Francia, 2016)

  1. Hola, Miquel:

    Ojalá pudiera ver y apreciar lo que tú ves y aprecias en el cine de Serra. Ya te dije en su momento que la crítica que escribiste sobre “Història de la meva mort” en otra edición del curso fue para mí el primer texto que me abrió una vía de comprensión hacia el cine de Serra: desde entonces, sigo poniendo de mi parte, pero no lo consigo. Para mí un obstáculo importante, en el caso de “La muerte de Luis XIV”, es el hecho de no poder creerme la mirada humanista del cineasta, sobre cuya sinceridad tengo serias dudas. Lo asumo como una limitación propia, que quizá algún día pueda superar.

    Lo importante es que has hecho una crítica sobresaliente, irreprochable. Es más: creo que te has planteado aquí un desafío, como es el de encontrar una coherencia y necesidad en el cambio de registro que resulta palpable en esta película. La mayoría de críticas profesionales no han hecho ni siquiera mención de la distancia entre esta película y los anteriores trabajos del director. En otros casos, la actitud de los críticos ha sido la de celebrar las virtudes de esta película desestimando todo el recorrido previo. Creo que es importante que un crítico se plantee retos difíciles: proponer una hipótesis e intentar demostrarla. Tú lo has hecho aquí de un modo modélico. Tu texto entra en profundidad en la película y, al mismo tiempo, contiene, por así decirlo, el Todo Serra. También destacaría que no has hecho una lectura puramente técnica. sino muy personal y rica en imágenes poéticas muy contundentes: por ejemplo, “una especie de impotente platea que asiste a un fascinante teatro de la enfermedad”.

    La descripción de los detalles en el trabajo interpretativo de Jean-Pierre Leaud y la culminación de tu discurso, cuando desvelas los distintos niveles de lectura de la película, son momentos de un brillo especial en un conjunto que es magnífico de principio a fin.

    Un abrazo,

    jordi

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