The Neon Demon (Nicolas Winding Refn, Francia, 2016)

Sexo o comida

Autor cinéfago, amante de varios géneros históricamente catalogados como bajos, y firme defensor del cine exploitation, Nicolas Winding Refn ha construido una filmografía que tiende hacia la estilización estética y conceptual de algunos de los rasgos, vulgares y espontáneos, que integraban estas corrientes cinematográficas. Sin dejar de forjar un reconocible y agresivo carácter visual, y un discurso personal que incide en la putrefacción moral de los ambientes humanos que describe, la mirada del realizador danés, postmoderna y referencial, ha planeado con notable insistencia sobre la reelaboración del cine negro o del thriller, para construir superficies audiovisuales barnizadas por un tono cool y conscientemente icónico. En la obra del autor de Pusher (1996), la densidad de colores y luces que empapa cada plano con una saturación violenta y expresiva, la simétrica e inquietante composición de los encuadres o de los frecuentes travellings laterales, o la predominancia de lo masculino –y su violenta naturaleza en perpetuo estado de eclosión inminente- en lo argumental, levantan acta de un estilo que, con The Neon Demon, llega a su paroxismo formal mientras acusa nuevas fronteras genéricas (sexuales y cinematográficas), abandonando por el momento la fijación testosterónica del noir.

Si lo viril parece indisociable de las atmósferas duras y corrompidas delineadas por el cine negro; en cierto terror de explotación, la aparente vulnerabilidad del cuerpo femenino domina asiduamente la narrativa. Así, abrazando esta vez el horror pero haciendo abstracción de sus múltiples constantes ópticas y argumentales, el nuevo film de Winding Refn se articula en torno al mundo de la moda y al uso vampírico que éste hace de lo femenino, tratado como objeto con temprana fecha de caducidad, y vaciado de todo componente que se aleje de la sexualidad de consumo. Un mundo alentado tanto por los ideólogos del canon de belleza como por las propias aspirantes a encarnarlo. Con el tono onírico y alucinado de un siniestro cuento de hadas, la protagonista (Elle Fanning), joven huérfana y virginal, se desliza con facilidad por un paisaje de flashes y purpurina, repleto de suspicacias y amenazas inconcretas pero muy reales. Aquí, los hombres parecen ogros o lobos al acecho, esperando poseer y explotar esa belleza trascendente, esencial y pura, que el personaje de Fanning representa; y las modelos circundantes hacen las veces de hadas oscuras, consumadas depredadoras, ansiosas por deglutir y asimilar el luminoso atractivo ajeno, necesario para que se les permita continuar en ese mundo de ensueño antropófago.

Los hipnóticos compases electrónicos de la música de Cliff Martínez –presentes en el cine del realizador desde Drive (2011)- envuelven una película colmada de aderezos cosméticos (en irónica imitación del frívolo esplendor publicitario), que van desde las formas geométricas de los fondos hasta las lentes anamórficas utilizadas para filmarlos, pasando por una paleta de colores de intensidad creciente o por unos efectos estroboscópicos que ayudan a remachar la apremiante banalización del cuerpo en carne. La belleza mórbida y lúgubre de las imágenes que pueblan The Neon Demon se levanta alrededor de un crisol de influencias que pasan por Argento, Lynch o De Palma. De la misma forma, los ecos de Kenneth Anger reverberan en la recurrente simbología esotérica (las esvásticas, el triangulo donde la protagonista abraza su narcisismo, los ritos de magia roja practicados por ese aquelarre anclado en el conocimiento ocultista de la luna y la sangre). Mientras, el elenco principal, en contrapunto con el histrionismo del Tom Hardy de Bronson (2008), bebe, aunque superándolo parcialmente, del lacónico hieratismo melvilliano propio de la metodología interpretativa practicada en los dos filmes precedentes de Refn. Lejos del poderoso infierno desatado en Solo Dios perdona (2013), pero igualmente excesivo, sensorial, errático y envolvente, este viaje de la humildad a la soberbia, sobre la instrumentalización sistémica y consentida de los cuerpos, la envidia, la juventud efímera y el inicuo canibalismo ritual, termina por formalizar una fábula aterradora y fría donde el sexo se transmuta en comida, y en la que sólo podrán medrar aquellos que tengan el estómago necesario para hacerlo.

Miquel Zafra

Advertisements

2 thoughts on “The Neon Demon (Nicolas Winding Refn, Francia, 2016)

  1. Hola, Miquel:

    He disfrutado de lo lindo leyéndome tu texto tres veces (no exagero) y comprobando cómo se iban desplegando sus matices. No hay nada insustancial en esta crítica: llegas al fondo de la película, logras sintetizar muy bien toda la trayectoria de NWF y mantienes el discurso centrado en todo momento en lo esencial. Es un placer leer textos así.

    Tan sólo hay dos peqeños deslices que me han saltado a la vista, pero que no son importantes en medio de tanta seguridad en la argumentación: creo que en “la densidad de colores y luces que empapan cada plano” sería mejor esta concordancia: “la densidad de colores y luces que empapa cada plano”. Y hay una coma que separa al sujeto del verbo aquí: “La belleza mórbida y lúgubre de las imágenes que pueblan The Neon Demon, se levanta “.

    Mil gracias por esta crítica.
    Un abrazo,

    jordi

    Like

    • Hola, Jordi:
      Muchas gracias a ti por tus alentadores comentarios y tus siempre acertadas correcciones.
      Nos vemos en unos días.
      Un fuerte abrazo.

      Like

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s