Animales fantásticos y dónde encontrarlos (2016) – David Yates

Ternura en época de cinismo


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En una escena de Animales fantásticos y dónde encontrarlos (2016), David Yates filma un ritual de apareamiento entre un erumpent –una especie de rinoceronte gigante– y un humano. Sobre el papel, esta idea es carne de gag. Sin embargo, ni la guionista lo escribe en ese tono ni el director lo conduce a estos terrenos. La escena se mantiene como fue pensada, es decir, como un momento íntimo que es tratado con la delicadeza suficiente -que es mucha- como para no caer en el ridículo. La cinta rehuye del camino fácil y se adentra en un terreno espinoso, del que sale indemne sin mayor problema. Esta escena, con su tono, su escritura y su realización, condensa la esencia de Animales fantásticos y dónde encontrarlos, una estimable cinta de aventuras en un mundo mágico que apela a la delicadeza por encima de la pirotecnia audiovisual.

El primer eslabón con el que se construye este sólido proyecto llega de la mano de la creadora de este universo. La escritora JK Rowling debuta en labores de guionista y lo hace con un libreto de trama concisa y efectiva, a través de la que extiende el mundo que ha creado. La autora de la saga Harry Potter afronta el reto de adaptar otra de sus obras, de mismo nombre que la película pero con la particularidad de ser una escuálida enciclopedia de animales de este mundo fantástico; es decir, que se ve obligada a dar forma a una trama que el material original, como cabe esperar, no alberga. La historia se centra en la creación de una ambientación propia, y en ella se observan claras similitudes de tono entre esta y las novelas, pues, aunque no duda en abordar aspectos sombríos, el humor y las buenas sensaciones están presentes en todo el relato.

El humor de la cinta es sutil, fino y algo infantil, que pasa desapercibido, como si de un elemento más del decorado se tratara. En algunos momentos copa la atención de la cámara, pero, por lo general, está presente sin llamar la atención, aunque casi en el global del metraje. Esto se observa en algunos gags, que son filmados en segundo o tercer plano, mientras otras acciones suceden en el primero. Para que este manejo del tono funcione, resulta imprescindible la compenetración entre guionista y director, y este es uno de estos casos. David Yates asume su rol secundario y permite que el guion sea el protagonista del proyecto, lo que no significa que su trabajo sea procedimental. Al contrario, el realizador se muestra como un artesano solvente, nunca virtuoso pero siempre capaz de narrar en imágenes aquello que se propone plasmar. En este sentido, cabe destacar una escena sencilla, en la que muestra cómo un edificio aparentemente normal funciona también como ministerio de magia, sin que los humanos no-magos sean conscientes de ello. En estos casos es habitual trufar la narración de torpes diálogos explicativos, pero David Yates muestra su talento visual al resolverlo todo con un doble desplazamiento de cámara, en el que primero muestra cómo es el interior para los no-magos y, posteriormente, cómo es para los magos. De esta manera, explica lo mismo pero mejor, en menos tiempo, con mejor gusto y apoyándose en la esencia de lo cinematográfico: la imagen.

Otro de los aspectos cómicos más reivindicables de esta cinta es su apuesta por el gag visual. Aunque el verbal no queda exento de la narración, el visual domina la partida, y a este respecto cabe destacar las interpretaciones del cuarteto protagonista, todas ellas de corte clownesco, lo que remite de manera directa al uso del cuerpo, y no tanto –o no exclusivamente– al uso de la palabra, para crear situaciones cómicas. Cada movimiento de manos de Newt Scamander –Eddie Redmayne–, cada mirada de Tina Goldstein –Katherine Waterson– está pensada para transmitir una serie de ideas que, en conjunto con la trama y los subtextos, apelan a la esencia antes citada. Se trata de una obra delicada, que hace de la ternura su mayor baza y esquiva sin problemas la trampa del atraco emocional o del bochorno melodramático.

El único gran problema que presenta esta producción es su falta de ambición. La escritora, o quizás la productora que tenía detrás, no le vio futuro a una trama que se limitara a hablar sobre este mundo mágico y los animales que lo habitan. La idea de afrontar una trama sin malos, como ocurría en Buscando a Dory (Andrew Stanton y Angus McLane, 2016), resulta estimulante por complicada de sacar adelante –lo que la hace tan poco habitual en este tipo de proyectos–, pero desgraciadamente no se opta por esta vía. Para solucionar el entuerto, se añaden dos subtramas, que son los dos puntos negros del film. Sin caer en el ridículo, sí que pecan de cierto esquematismo, a la vez que conducen a la cinta hacia un final que desentona con lo propuesto anteriormente, pues se decanta por la espectacularidad, cuando hasta entonces se había abogado por la sutileza. Un borrón final que desmejora el conjunto sin desautorizarlo, pues, en última instancia, la delicadeza de un ritual de apareamiento prima sobre los desajustes de una batalla final que llega a trompicones.

Yago Paris

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One thought on “Animales fantásticos y dónde encontrarlos (2016) – David Yates

  1. Hola, Yago:

    Compartimos totalmente la simpatía y aprecio por esta película. En relación a los puntos oscuros que comentas, a mí el clímax también me dio la impresión de ser demasiado convencional y formulario, pero hay algo de lo que no me di cuenta en su momento y que quizá podría matizar nuestra apreciación. En su momento, vi “Animáles fantásticos” como una obra autónoma, sin caer en la cuenta de que, al parecer, está planeada desde el principio como una trilogía: esos elementos disonantes funcionan, pues, como las subtramas que darán unidad a la trilogía, como si estuviéramos hablando del arco narrativo cohesionar de una temporada de serie televisiva. Yo tuve la impresión (equivocada) de que había cosas poco desarrolladas. La otra cara de la moneda es que el tono de esos elementos sea el que acabe dominando en las futuras entregas sobre esa ligereza que tanto nos ha seducido en esta ocasión.

    La crítica que has hecho es excelente, pero creo que no le vendría mal aplicar un cierto esfuerzo de síntesis, porque hay veces que las ideas se transmiten de un modo que me parece algo aparatoso. Te cito un ejemplo: “El humor de la cinta es sutil, fino y algo infantil, que pasa desapercibido, como si de un elemento más del decorado se tratara. En algunos momentos copa la atención de la cámara, pero, por lo general, está presente sin llamar la atención, aunque casi en el global del metraje. Esto se observa en algunos gags, que son filmados en segundo o tercer plano, mientras otras acciones suceden en el primero. Para que este manejo del tono funcione, resulta imprescindible la compenetración entre guionista y director, y este es uno de estos casos. David Yates asume su rol secundario y permite que el guion sea el protagonista del proyecto, lo que no significa que su trabajo sea procedimental.”. Creo podrías decir lo mismo con menos y habría, por otro lado, que expresiones como “el global del metraje” o palabras como “procedimental” quedan un poco forzadas.

    Los ejemplos de escenas de la película con los que ilustras tus ideas están muy bien escogidos. A menudo te bastaría con eso: con poner un buen ejemplo y sintetizar la idea en una frase concisa y contundente sin empezar a darle tantas vueltas.

    Un abrazo,

    jordi

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