Sully (2016) – Clint Eastwood

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O eres Harry el sucio o eres músico de Jazz

La posición actual que ocupa Clint Eastwood como director en el cine americano, ya muy lejos de la connotada dureza de su personaje, le ha situado como el principal exponente de lo mejor del clasicismo académico norteamericano. Podríamos definir someramente este concepto en la forma que adquiere una película cuando todas sus partes pasan inadvertidas en favor de un todo complejo, realizado sin fisuras y que se transmite, pese al peso de lo narrado, con asombrosa ligereza y claridad a una amplia gama, casi universal, de espectadores. No cabe duda de que Sully es un buen exponente de como situar una película de estas características dentro del multiforme cine (post(post))moderno.

Chesley “Sully” Sullenberger (Tom Hanks) consiguió aterrizar en 2009 con éxito un avión averiado en el rio Hudson, salvando a los 155 pasajeros del mismo. El piloto se convirtió así en un héroe mediático y en una de las grandes figuras patrias de la bandera americana con las que el director de Sin perdón parece haber encontrado una especial sintonía a la hora de plantearse temas como el heroísmo, la convivencia entre la vida pública (mítica) o privada (real) y, por encima de estos, el intento de responder a la pregunta sobre qué es ser (un buen) americano. Con una carrera tan amplia como irregular y llena de meandros, obras recientes como J.Edgar y, especialmente, El Francotirador confirman el gusto actual de Eastwood por el retrato de héroes americanos. Una tendencia que parece avanzar hacia nombres cada vez más pequeños, como será el caso de su siguiente proyecto, sobre Richard Jewell, el policía que descubrió un paquete bomba en los juegos olímpicos de 1996, en Atlanta.

Basado en el libro Chesley “Sully” Sullenberger, escrito por el propio piloto y el periodista Jeffrey Zaslow, Eastwood parte de un guion de Todd Komarnicki para elaborar un relato no lineal entorno al accidente y al examen posterior que dictaminaría si el piloto hizo lo correcto al tomar esa arriesgada decisión. De esta forma, el relato crece y se diversifica al renunciar a la mera reconstrucción del suceso para, partiendo de su propio examen, expandir en el tiempo su impacto. Así, se enarbola una orgánica estructura en donde los flashbacks del incidente aéreo aparecen en la historia de forma diegética y natural mediante insertos provocados por la atormentada mente del protagonista. Se establece así un relato que gira siempre, aunque de forma fragmentada, entorno al personaje que da nombre a la película. Probablemente sea esta la decisión más acertada de un Eastwood que, con una eminente historial de gran dirección de actores, vuelve a volcar el peso de su cine en la importancia del personaje. Tom Hanks asume este regalo con inteligencia y contención, interpretando al personaje más importante y socorrido de la historia del cine americano, ese personaje irreal del que nadie duda, el perfecto, decente, honrado, simpático, patriota y heroico padre de familia, todo un “Juan nadie” que es más que cualquiera. Este perfecto ciudadano americano que “solo hacía su trabajo” ayuda a posicionar este nuevo trabajo de Eastwood en la citada estela del clasicismo americano.

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No obstante, dejando a un lado el magnífico trabajo de producción y la inteligente estructura narrativa, es imposible echar en falta una mayor ambigüedad y malicia en la resolución del relato. Así, parece que el paso de los años, además de compactar la habilidad de Eastwood en el ritmo dramático y su versatilidad como eficiente narrador de todo tipo de sucesos, entornos y acontecimientos, ha ido dulcificando el carácter del director. Del bello pesimismo que inspiraba su acercamiento mítico a Charlie Parker en Bird y al género western en Sin perdón (más crepuscular que nunca); pasando por dos relatos de claroscuros sobre el patriotismo como Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwojima; Eastwood comienza con la irregular J.Edgar, tal como ocurrirá en la más compleja El francotirador, una insatisfactoria resolución hacia un, a ratos plano, finalmente conciliados y, en cierta manera, autocomplaciente mensaje patriótico que contradice el estimulante planteamiento anterior entorno a la deconstrucción de un mito del que extraer a la personaje y con esta a sus fantasmas. Aunque Sully se puede leer como el reverso salvador del asesino de El francotirador, el tratamiento de Eastwood y la inclusión, en ambas, de pésimos clips finales, equipara ambas películas de un modo en el que dicha cara y cruz solo se expresa mediante los acontecimientos y no a través de la forma de narrarlos. Así, el relato versa en homenaje, lo cual no quiere decir que no sea uno magnífico.

Por Rafael S. Casademont

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2 thoughts on “Sully (2016) – Clint Eastwood

  1. Hola, Rafael:

    Aquí tenías, sin duda, una pieza de caza mayor y creo que la has afrontado con bastante complejidad, dando forma a un texto muy rico que supone un muy buen punto de partida para debatir sobre esta película en concreto y sobre la obra como director de Eastwood en general.

    Al comienzo del texto defines muy bien la idea de clasicismo, pero -y esto es sólo una consideración personal- creo que la adjucación de la etiqueta de clásico al cine de Eastwood se ha convertido casi en un tópico en el ámbito de la crítica y me da la impresión de que no estaría de manos plantear una discusión en profundidad sobre esta inercia analítica. No es aquí el lugar de plantearla, pero, a menudo, cuando veo películas de Eastwood tengo la impresión de que esa aspiración de clasicismo se ve, a veces, saboteada, por ciertas torpezas, descuidos o decisiones formales y narrativas poco justificadas. Pienso, por ejemplo, en el peculiar tratamiento del tempo narrativo en el arranque de “Poder absoluto” o, si nos atenemos a “Sully”, la pintoresca decisión de presentar a unos cuantos pasajeros del vuelo, en mitad de la película, por la mera necesidad de facilitar cierta implicación emocional en la escena del accidente: son personajes que la película, por así decirlo, “usa y tira” de un modo muy arbitrario. Además de las imágenes de los créditos finales -que también me parecen horribles-, ¿no tuviste la impresión, en el plano final de la película, que ese plano estaba ahí casi a la espera de ser congelado, casi como el punto y final de un rutinario telefilm?

    En el primer párrafo, has descuidado poner la tilde en el “como” de la última frase. En el siguiente párrafo, creo que la expresión “una de las grandes figuras patrias de la bandera americana ” suena demasiado aparatosa y podría ser fácilmente simplificada. Tampoco me gusta lo de “una orgánica estructura en donde”: deberías tachar ese “en”. En el tercer párrafo, creo que considerar a Sully como ” ese personaje irreal del que nadie duda, ” no es una manera justa de definir una película que se articula, precisamente, alrededor de la duda en torno a la heroicidad del personaje. Más adelante, cuando escribes “es imposible echar en falta una mayor ambigüedad” estás diciendo justamente lo contrario de lo que quieres decir. Suena, asimismo, rara la expresión “el relato versa en homenaje”.

    Desconocía el dato que aportas sobre el próximo proyecto de Eastwood, que encaja muy bien en tu argumentación. No obstante, hay una pieza que no me encaja: no estoy seguro de que pueda hablarse de “J. Edgar” como una película sobre un héroe americano: Hoover ha sido una de las figuras juzgadas con mayor severidad en la historia americana y la película no eludía sus claroscuros. En su momento, me pareció uan decisión valiente de Eastwood la de confiar la voz principal del relato a su personaje; así, la película podía sobar como apología o justificación de Hoover, pero era una cuestión de punto de vista, no de fondo del discurso.

    Un abrazo,
    jordi

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  2. Muchas gracias Jordi por tus ricos comentarios. Imperdonables mis errores ortográficos, en especial los que convierten una frase en lo contrario que querría decir. Tienes razón en que la etiqueta de clásico en un hombre que afirma rodar sin guión técnico, entre otras cosas, es algo tópica y no del todo correcta. En ese sentido, entiendo más el sentido clásico de Eastwood entorno a ese cine donde lo más importante es la narración pura, transmitida al espectador sin mucho esfuerzo propio y donde las dudas sobre el relato suelen verse fácilmente resueltas una a una. Eastwood ante todo es un autor y por ello sus películas incitan a tanta reflexión y debate, porque su mensaje e ideología se ve claramente en sus películas. Sin embargo, creo que su popularidad como director viene de esta otra parte, de películas disfrutables, con una narración coherente y rica, sin estridencias no salidas que puedan dar lugar a dolores de cabeza y con una estética siempre al servicio de la historia.

    Siento haber entrado a responderte tan tarde y ya no recuerdo exactamente la imagen fina de la que me hablas pero en general toda la resolución final me pareció lo más precipitado, anquilosado y defectuoso del relato, donde todo lo interesante planteando, más que sublimarse se desmorona, sin hablar, como dices, de las imágenes de los créditos. Ni siquiera dignas de un especial de Salvados.

    Tienes razón en que lo de personaje irreal del que nadie duda es una expresión que puede sonar contradictoria, aunque atendiendo al resto de dicha frase creo que queda medianamente claro que hablo del prototípico ciudadano americano del que los espectadores, aunque lo hagan el resto de personajes de la película, dudan nunca, un protagonista sin claroscuros morales. Con esto me refería en que, aunque Tom Hanks pueda haber fallado y podido aterrizar en otro sitio, nunca dudas que tenga una aventura extramatrimonial o que, por ejemplo, consuma algún tipo de droga o se tome un whisky de más. incluso, simplemente que se cabree, explote de rabia, haga algo irracional, pegue a alguien, etc.

    Tienes razón con J.Edgar, tenía más en la cabeza los últimos proyectos, quizás debería haber dicho figuras americanas o algo similar.

    Gracias y un abrazo.

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