Snowden: Selección y composición

Abrir la película escenificando el arranque de la entrevista que daría cuerpo al documental de Laura Poitras, Citizenfour (2014), se convierte en una primera decisión atractiva y precisa para conectar en seguida con la premisa de Snowden: “esto que van a ver es una puesta en escena de los hechos”. Y a partir de aquí, la trama se organizará en base a grandes flashbacks que servirán para abordar el material desde el punto de vista de los acontecimientos. Es en esa labor de ficcionar los hechos, de dar forma, o en definitiva de poner en escena, donde para mí residen las virtudes de esta película.

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El material de origen, esa crónica real de Edward Joseph Snowden, contaba de por sí con una fuerza incontestable, conformando un perfecto mapa de cómo los gobiernos americanos, a través de sus aparatos de estado, fuerzas especiales, y en definitiva instrumentos teóricamente al servicio de la seguridad de una nación que presume ser la más avanzada del mundo en derechos civiles individuales, configuran programas de vigilancia masiva no revelados que atentan muy siniestramente al estado de derecho.

Sin embargo, recapacito si realmente es por la fuerza intrínseca del relato por lo que he pasado dos horas y media pasmado, con los ojos pegados a la pantalla, y esto me lleva a reconocer rápidamente la fuerza de un cineasta de oficio, impecable en la puesta en escena, que sabe elegir los elementos para estilizar esta crónica en una buena película de espías.

Este año pude ver aquella película que abordaba de manera muy precisa el proceso de la caída del mercado hipotecario, The Big Short (La gran apuesta). Y me viene al pelo ya que muy a pesar de sus virtudes, su inteligente cohesión de tonos o la construcción de personajes atractivos, terminaba respondiendo a una narrativa muy elemental, que funciona muy bien en estos tiempos, basada esencialmente en el ritmo y el “estilo”. Eso que llamamos alegremente estilo hacía referencia en este caso a la inclusión del reportaje como recurso expresivo, y basta con que la cámara tiemble un poco, haga zooms digitales, o se mueva de determinada manera en momentos oportunos para conformar una escritura aparentosa. Pues bien, Stone, un director estigmatizado durante su carrera por el abuso de lo autoimpuesto o lo excesivo, se restituye esta vez con mano firme en la tradición de la puesta en escena como oportunidad de seleccionar y componer imágenes denotativas al servicio de una historia para que esta pueda trascender. Pensar la imagen, en este caso, no se traduce en una suerte de recursos expresivos más o menos atractivos, sino en eficacia narrativa que nos devuelve al género como posibilidad de revelar la verdad.

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Y con advertencia de spoiler, concluyo señalando la decisión final de Oliver Stone de sustituir a Gordon-Lewitt, por el auténtico Edward Snowden, quizá en condición de avalista, quizá con intención narrativa de elevar el clímax, pero me gusta pensar que quizá como ejercicio de ruptura de la cuarta pared que funciona como una fuerte palmada en la cara del espectador, al que a continuación ofrece imágenes reales de políticos como Donald Trump, o como Barack Obama o Hilary Clinton, presuntamente representantes de la esperanza y el futuro, confirmando su posición en contra de nuestro héroe. La verdad sale a la luz, y el cine de nuevo hace trascenderla.

Eduardo Tejada.

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One thought on “Snowden: Selección y composición

  1. Hola, Eduardo:

    Te felicito por un texto tan bien estructurado y tan oportunamente centrado en lo esencial: el modo en que Oiver Stone sirve esta historia, cuyos trazos más generales ya conocíamos. Hay algunas partes de la crítica que, creo, no están a la altura de la fuerza del conjunto y también tengo algunos reparos en referencia a algunos modos de expresión. En algunos casos, son cosas mejorables desde un punto de vista objetivo. En otros casos, responden a manías personales y como tales te las voy a identificar en las observaciones que voy a hacerte: por ejemplo, el uso de la primera persona. Por supuesto, no hay ninguna regla escrita que desaconseje su uso, pero a mí suele chuirriarme como lector que el crítico, en algunos tranos del texto, se convierta en sujeto del mismo. es un leve matiz, pero creo que el sujeto nunca tiene que ser el crítico, sino su mirada; por tanto, prefiero formas menos directas que la primera persona.

    Vaya por delante que tanto la estructura como el discurso me parecen impecables: el modo que tienes de abrir con la referencia a “Citizenforu” (cosa que te permite fijar tu idea central: estamos ante una “puesta en escene”) y la conclusión no sólo con la mención a Snowden, sino con la manera en que extraes diversas reflexiones a partir de esa sustitución son dos de las grandes fortalezas del texto.

    Lo único que te señalaría del primer párrafo es el uso de la locución “en base a”, que a mí hace tiempo que me enseñaron a odiar (junto a “a nivel de”): http://cvc.cervantes.es/lengua/alhabla/museo_horrores/museo_039.htm

    El segundo párrafo me parece el más conjunto de todos y, además de que la (demasiado) larga frase que conforma queda coja (no encuentrio el verbo principal, por ejemplo), me resulta bastante difícil de descifrar: ¿a qué material de partida te refieres: a la película de la Poitras, a la filtración de Snowden, a los libros que ha tomado Stone comopunto de partida, al guión de la propia película? Necesitarías aclarar eso y te aconsejría convertir esa larga frase.párrafo en dos o hasta tres frases distintas.

    Cuando, en el párrafo siguiente, vuelves a introducir el concepto de puesta en escena, necesitaría empezar a saber cómo es esta puesta en escena: el resto del texto me aclara que es una puesta en escena clásica y que stone aquí se ha dejado de excesos (lo cual es cierto, pero no al cien por cien: el viejo Stone también aflora en las escenas “paranoicas”).

    En el siguiente párrafo me molesta más que en el anterior ese uso de la primera persona, pero la reflexión que presentas en torno a ·La grana apuesta” y “Snowden” es brillante y funciona muy bien. Sólo pondría en cuarentena algunas expresiones que me parecen un poco forzados y no lo necesariamente claras: “lo autoimpuesto”, “escritura aparentosa”…

    Como te he señalado ma´s arriba, celebro ese párrafo final, aunque, quizá por cuestión de edad, le tengo cierta manía a la palabra “spoiler”. El caso de los “spoilers” tendríamos que abordarlo en clase: es aconsejable la prudencia a la hora de dar detalles argumentales, pero a veces el correcto ejercicio de la crítica requiere “desvelar” algo. Hay que hacerlo, sin duda, con tacto. En tu caso no creo que te estés saltando ninguan regla sagrada: era necesario recurri a eso para cerrar la crítica tan bien como lo has hecho.

    Un abrazo,

    jordi

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