La fiesta de las salchichas (Conrad Vernon, Greg Tiernan, EEUU, 2016)

Al encuentro del paraíso

Son muchos los filmes que se atreven a atacar frontalmente los sistemas de creencias que sustentan cualquier tipo de cultura, pero son menos los que se lanzan a intentarlo utilizando el humor salvaje como estrategia, apoyándose además en ciertas herramientas, supuestamente mal vistas, como la obscenidad, la absoluta incorrección política y un sentido de la vulgaridad autoconsciente e integrado con fortuna. Si además se utiliza el cine de animación, mezclando las esencias del cómix underground estadounidense con las fórmulas narrativas y formales que remiten con distancia paródica al cine de Disney y al de su heredera desde la transición digital, Pixar, nos encontramos con que La fiesta de las salchichas, con su vocación particularmente adulta, resulta en vibrante anomalía dentro del largometraje animado de hoy, pues la gran mayoría de trabajos que beben de los recursos expresivos -y subversivos- del dibujo underground proceden del entorno catódico.

La obra adopta una apariencia mainstream para potenciar con ironía su calado profundamente corrosivo. Partiendo del esquema argumental de la saga Toy Story, en el que unos objetos en principio inanimados –en este caso productos de supermercado- deben unir sus fuerzas para sobrevivir en un entorno hostil, pero añadiendo una batería de referencias pop, palabrotas, dimensiones paralelas, dioses falsos que pueden morir, drogas, y chistes negros sobre el pasado y el presente histórico y político, la película acaba entonando un canto a la liberación de sus protagonistas, conducidos y oprimidos por un sistema religioso, político y moral que les divide, engaña y extermina a mayor gloria del omnívoro consumidor humano.

Más allá de la buena utilización de texturas y diseños digitales, y de las conseguidas características expresivas de cada personaje, la creativa labor de los directores Conrad Vernon (responsable de varios títulos en DreamWorks Animation), y el debutante Greg Tiernan, parte de un proyecto del humorista, guionista y actor de voz, Seth Rogen (él mismo presta su arte a la personalidad vocal de la salchicha protagonista). Juntos y uniéndose también al compositor Alan Menken, referencia melódica asociada al renacer de Disney a principios de los noventa, consiguen edificar una obra que abomina del determinismo, y que abraza intensamente el nihilismo activo como crítica abrasiva contra cualquier tipo de regulador social. La comida, al entender que ocurre al final del trayecto que va del estante de la superficie comercial a la cocina del comprador humano, terminará negando toda creencia cómplice con el sistema, entregándose al gozo lúdico de unos cuerpos emancipados de condicionantes y, por tanto, consagrados al placer desaforado. Eso sí, el film lo hará a través de la estilizada vulgarización formal y dramática de los conceptos mencionados, para acabar confluyendo en una relectura acelerada de la estética pornográfica moderna con apuntes de gore dietético. Destructiva y agresiva pero también sexual, divertidísima y vitalista apología de la libertad más allá de construcciones sociales, que contempla el hedonismo como auténtica puerta de entrada al paraíso en la tierra.

Miquel Zafra

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3 thoughts on “La fiesta de las salchichas (Conrad Vernon, Greg Tiernan, EEUU, 2016)

  1. Hola, Miquel:

    Bienvenido de nuevo al curso y a este blog que, como ves, está mucho más activo que el que tuvimos en su momento. Tu texto sobre “La fiesta de las salchichas” me parece realmente extraordinario, porque en él están integradas de manera muy sintética las apreciaciones esenciales sobre su fondo y su forma, al tiempo que aporta una contextualización muy clara de una película tan singular.

    El primer párrafo resulta modélico, porque con su lectura el lector entiende -y aprende- cosas tan importantes para la valoración de esta película como las siguientes (algunas te parecerán obvias, pero creo que es útil enumerarlas):

    -estamos ante una película que ataca los sistemas organizados de creencias
    -lo hace a través del registro del humor salvaje, con elementos de obscenidad, vulgaridad e incorrección política
    -es una película de animación
    -su estética bebe de las fuentes de la historieta contracultural
    -utiliza esa estética para cuestionar paródicamente el lenguaje canónico de la animación fijado por Disney y prolongado por Pixar
    -su vocación es adulta
    -este último aspecto la convierte en una singularidad
    -porque la herencia del underground ha pervivido hasta ahora con mayor fortuna camuflada entre la rica oferta televisiva de animación infantil

    El único reproche que te haría es una cierta tendencia a la frase larga y alambicada -cosa que, por ira parte, también es uno de mis talones de Aquiles como crítico, aunque intento trabajármelo para moderar ese vicio-. Fíjate en el segundo párrafo: su segunda frase acaba ocupando casi la totalidad del mismo.

    Aprecio mucho la capacidad imaginativa que, por ejemplo, te lleva a acuñar un subégenero imposible: el gore dietético. A veces, este tipo de desvíos y efusiones de estilo e ingenio son los que dotan de identidad a una crítica, siempre y cuando estén respaldados, como es el caso, por el objeto que estás analizando.

    Una puntualizción: Greg Tiernan es debutante como director de largos, pero lleva tiempo en el mundo de la animación implicado en registros mucho más ingenuos que los que propone esta película.

    un abrazo y enhorabuena por el texto,

    jordi

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  2. Hola Miquel. Como muy bien ha comentado Jordi, me gusta mucho la claridad didáctica de tu crítica, es más, después de leerla, me apetece mucho ver la peli…la verdad es que con ese título, “La fiesta de las salchichas”, nunca se me hubiera ocurrido comprar una entrada. 😉

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  3. Muy buenas, Antonio. Me alegra que te haya gustado la crítica. Efectivamente, el título puede despistar, pero la película está bastante bien y no dejo de recomendarla. Espero que te guste cuando la veas. ¡Muchas gracias por tu comentario! Nos vemos mañana.
    Un abrazo.

    Miquel.

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